El presidente de Senegal, Bassirou Diomaye Faye, ha destituido este miércoles 23 de mayo de 2026 a su primer ministro, Ousmane Sonko, mediante un decreto que pone fin a una relación política que durante meses se había resentido por tensiones internas. La decisión, adoptada en Dakar, supone un vuelco en la cúpula del Estado senegalés y abre un periodo de incertidumbre en una de las democracias más estables de África Occidental.

El decreto de destitución, publicado por la presidencia, no detalla los motivos de la ruptura. Sin embargo, fuentes próximas al Gobierno confirmaron a la agencia France-Presse que la relación entre Faye y Sonko, antaño aliados indiscutibles, se había deteriorado en los últimos meses por diferencias en la gestión económica y la estrategia de seguridad. Sonko, carismático líder del partido Pastef, fue clave para la victoria de Faye en las elecciones presidenciales de 2024, pero desde entonces ambos habrían chocado por el control de las palancas del poder.

Bassirou Diomaye Faye ha decidido prescindir de su primer ministro en un movimiento que refleja la necesidad de reafirmar su autoridad frente a un Ejecutivo que se había autonomizado en exceso.

La destitución de Sonko se produce en un contexto de creciente presión social. Senegal afronta una inflación que ronda el 8% anual y un descontento latente entre los jóvenes, que conforman más del 60% de la población. La crisis política en la cúpula del Estado amenaza con desviar la atención de las reformas económicas prometidas por Faye, centradas en la renegociación de contratos petroleros y gasísticos con multinacionales extranjeras, entre ellas la española Repsol.

Una alianza rota

Ousmane Sonko, de 51 años, había sido la figura más visible del Pastef durante la campaña electoral, pero su perfil rupturista y su discurso antisistema generaban recelos en los círculos empresariales y diplomáticos. Su salida del Gobierno puede interpretarse como un intento de Faye de moderar su imagen de cara a los inversores internacionales, aunque a costa de perder el apoyo de su base más radical.

La reacción de Sonko no se ha hecho esperar. En un comunicado difundido por su equipo, el ex primer ministro califica su destitución de «maniobra antidemocrática» y advierte de que «quien siembra vientos recoge tempestades». Sus seguidores han comenzado a concentrarse en los alrededores de la Asamblea Nacional en Dakar, donde se esperan protestas en los próximos días.

El Ejército, por su parte, ha desplegado efectivos en puntos estratégicos de la capital, aunque fuentes castrenses aseguran que la situación está controlada. La comunidad internacional sigue con atención los acontecimientos en un país que España considera socio prioritario en la lucha contra la migración irregular y el yihadismo en el Sahel.

Impacto regional y para España

Senegal es un pilar de la estabilidad en África Occidental, y cualquier turbulencia política repercute en los intereses españoles. Madrid mantiene acuerdos de cooperación policial y militar con Dakar para frenar las salidas de cayucos hacia Canarias, una ruta que el año pasado registró más de 30.000 llegadas. La crisis política podría ralentizar la implementación de estos acuerdos si el nuevo Ejecutivo tarda en formarse.

Además, empresas españolas como Repsol y Navantia tienen contratos activos en Senegal. La renegociación de los contratos energéticos, uno de los caballos de batalla de Faye, se encontraba en una fase delicada y la salida de Sonko, considerado un duro negociador, podría facilitar un acuerdo más favorable para las compañías, aunque la incertidumbre política lo complica todo.

Por ahora, el presidente Faye no ha anunciado sustituto para el cargo de primer ministro. Se espera que en las próximas horas nombre un nuevo jefe de Gobierno, posiblemente un perfil técnico y menos político, para intentar desactivar la crisis. Senegal, hasta ahora un oasis de paz en el Sahel, asiste a su primera gran tormenta política desde la llegada de Faye al poder.