Senegal se encuentra inmerso en una compleja negociación con el Fondo Monetario Internacional (FMI) para cerrar un programa de asistencia financiera, después de que saliera a la luz una «deuda oculta» que ha bloqueado el acuerdo durante meses. La revelación de estos pasivos no declarados ha minado la confianza de los organismos internacionales y ha sumido al país en una incertidumbre económica que el nuevo Ejecutivo trata de despejar.

El factor Sonko

La salida del anterior primer ministro, Ousmane Sonko, y la llegada de Ahmadou Al Aminou Lô al frente del Gobierno senegalés han reavivado las esperanzas de un desbloqueo. Analistas consultados por la prensa senegalesa consideran que la nueva administración podría ofrecer mayores garantías de transparencia fiscal, un requisito indispensable para que el FMI retome las conversaciones con La deuda oculta, que según fuentes oficiales ronda varios cientos de millones de dólares, fue descubierta durante una auditoría encargada por el anterior Gobierno y ha provocado tensiones con los acreedores internacionales.

Reacciones y perspectivas

El FMI, a través de su departamento para África, ha señalado en un comunicado que «las conversaciones con las autoridades senegalesas son constructivas», aunque no ha confirmado plazos para un posible acuerdo. Por su parte, el nuevo primer ministro, Ahmadou Al Aminou Lô, ha declarado que su Ejecutivo «hará todo lo necesario para restaurar la credibilidad financiera del país».

La situación es seguida de cerca por los socios internacionales de Senegal, entre ellos España, que mantiene vínculos comerciales y de cooperación con el país africano. Un eventual acuerdo con el FMI es considerado clave para estabilizar la economía senegalesa y atraer inversiones.