La aparente alianza entre el presidente senegalés, Bassirou Diomaye Faye, y su primer ministro, Ousmane Sonko, ha terminado por quebrarse. Ambos dirigentes, que llegaron al poder juntos en 2024, han visto cómo sus diferencias se han ido agravando hasta convertirse en una fractura abierta que amenaza la gobernabilidad del país, según fuentes políticas senegalesas.

Un distanciamiento que venía de lejos

La disensión entre Diomaye y Sonko, que durante meses se mantuvo en privado, ha ido en aumento desde 2024. Lo que comenzó como desacuerdos tácticos se ha transformado en una lucha por el control del Ejecutivo. El presidente, visto inicialmente como una figura de transición, ha buscado afirmar su autoridad frente a un primer ministro con gran peso político y una base social movilizada.

El escenario de una ruptura entre el presidente de sustitución y su hiperprimer ministro ha acabado por concretarse, tras una disensión cada vez más marcada, latente desde 2024.

Sonko, carismático líder de la oposición antes de ser nombrado jefe de Gobierno, ha mantenido un perfil alto, lo que ha generado fricciones con un presidente que ha tratado de marcar distancias. La crisis interna llega en un momento delicado para Senegal, uno de los países más estables de África Occidental, pero con desafíos económicos y sociales crecientes.

Implicaciones regionales

La inestabilidad política en Senegal preocupa en la región. Como país ribereño del Atlántico y punto de partida de rutas migratorias hacia Canarias, cualquier vacío de poder o disturbios podría tener consecuencias para el control fronterizo y la seguridad en el Sahel. Además, Senegal es un socio clave para España y la Unión Europea en materia de lucha contra la inmigración irregular y cooperación antiterrorista.

Por el momento, ninguna de las dos partes ha hecho declaraciones oficiales sobre su enfrentamiento, pero fuentes cercanas al Gobierno reconocen que la situación es crítica y que se busca una salida negociada para evitar una parálisis institucional.