El Kremlin ha expresado su profunda preocupación por la reanudación de las acciones armadas entre Estados Unidos e Irán, que amenazan con desestabilizar la región del estrecho de Ormuz. El portavoz presidencial ruso, Dmitri Peskov, instó este jueves a las partes beligerantes a retomar el camino de las negociaciones y evitar una escalada cuyas consecuencias podrían ser impredecibles, según declaró a los medios.
La ONU advierte sobre el impacto duradero
El secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, lanzó una alerta paralela: las consecuencias de la crisis en Ormuz podrían sentirse durante meses, incluso en el mejor de los escenarios. La comunidad internacional teme que el estrecho, por donde transita aproximadamente una quinta parte del consumo mundial de petróleo, quede parcialmente bloqueado, lo que dispararía los precios energéticos y afectaría a las economías de todo el planeta. Guterres insistió en la necesidad de una desescalada inmediata para evitar un colapso del suministro global de crudo y gas licuado.
Moscú, que tradicionalmente mantiene vínculos con ambas potencias, llamó a la moderación y advirtió que la estabilidad regional está en juego. Peskov subrayó que las rutas energéticas globales dependen en buena medida del tránsito seguro por Ormuz, y cualquier interrupción prolongada podría tener efectos en cadena sobre el suministro de crudo y gas licuado. El portavoz ruso también señaló que la reanudación de hostilidades representa un grave riesgo para la seguridad internacional.
Por el momento, ni Washington ni Teherán han respondido oficialmente a los llamamientos de Rusia y la ONU. La tensión en el Golfo Pérsico se intensifica mientras las fuerzas navales de ambos países mantienen una presencia reforzada en la zona. El 11 de junio de 2026, fecha de las declaraciones, la situación continúa siendo crítica, sin señales de un alto el fuego inminente.




