Rusia y China están reestructurando la arquitectura energética global con el objetivo de crear un sistema que minimice la dependencia de los mecanismos financieros, logísticos y de seguros controlados por Occidente. Así lo ha señalado el economista energético Kazi Sohag, quien en declaraciones a la agencia rusa Sputnik ha descrito la alianza como un tándem que busca proporcionar energía a compradores dispuestos con la menor intermediación posible de los sistemas de pago occidentales.
La iniciativa, que se enmarca en la creciente cooperación estratégica entre Moscú y Pekín, responde a la necesidad de ambas potencias de garantizar la soberanía energética y financiera frente a las sanciones impuestas por Estados Unidos y la Unión Europea. Aunque no se han precisado cifras ni plazos concretos, la hoja de ruta incluye el desarrollo de infraestructuras de pago alternativas, rutas logísticas propias y mecanismos de aseguramiento independientes.
Rusia y China trabajan en tándem para crear un sistema que proporcione energía a compradores dispuestos con mínima dependencia de los sistemas de pago controlados por Occidente.
El movimiento se produce en un contexto de profundización de la alianza energética entre ambos países. China se ha convertido en el principal comprador de petróleo y gas rusos tras el giro de Moscú hacia Asia, mientras que Pekín busca diversificar sus fuentes de suministro lejos de las rutas marítimas controladas por la Armada estadounidense. La creación de un mercado energético euroasiático con monedas locales y sistemas de compensación bilaterales podría alterar el equilibrio de poder en el comercio global de hidrocarburos.
Según Sohag, el modelo planteado no solo beneficiaría a Rusia y China, sino también a otros países que deseen evitar la exposición a sanciones secundarias de Washington. La iniciativa, no obstante, afronta desafíos técnicos y financieros, como la escala de inversión necesaria para desplegar infraestructuras de pago y seguros alternativas capaces de competir con las existentes.




