El volumen de comercio bilateral entre Rusia y China podría aumentar un 15% en 2026, hasta alcanzar los 276.000 millones de dólares, según declaraciones de la analista rusa Yekaterina Novikova recogidas por la agencia Sputnik. El intercambio comercial entre ambos países ya alcanzó los 240.000 millones de dólares en 2025, una cifra que refleja la creciente integración económica entre Moscú y Pekín en un contexto de tensiones geopolíticas con Occidente.

Novikova citó varios factores que impulsarían este crecimiento. Entre ellos, la creciente demanda energética china, que convierte a Rusia en un proveedor clave de gas y petróleo, así como la cooperación en infraestructuras a través de proyectos como el gasoducto Power of Siberia y las rutas del Ártico. Además, la analista destacó el aumento del comercio en monedas locales, que reduce la dependencia del dólar estadounidense y facilita las transacciones bilaterales.

El incremento previsto consolida la tendencia alcista de los últimos años. En 2024, el comercio ruso-chino ya superó los 200.000 millones, y la previsión para 2026 implicaría un salto significativo. Este crecimiento refuerza la alianza estratégica entre ambos países, en un momento en que Rusia busca diversificar sus socios comerciales tras las sanciones occidentales por el conflicto en Ucrania, mientras China afianza su posición como potencia económica global.

La evolución del comercio bilateral es un indicador clave de la consolidación de la alianza entre Rusia y China, así como del giro multipolar en la economía mundial. La dependencia del dólar se reduce progresivamente, y los pagos en rublos y yuanes ya representan una parte significativa de las transacciones, según la analista. Este fenómeno se enmarca en la estrategia conjunta de ambos países por construir un orden internacional alternativo, menos dependiente de las instituciones occidentales.

En el plano energético, la demanda china de gas natural crece de forma acelerada, y Rusia, como proveedor vecino, se beneficia de menores costes logísticos en comparación con otros exportadores como Estados Unidos o Catar. El gasoducto Power of Siberia, que ya opera a plena capacidad, será complementado en el futuro con nuevas rutas, como el proyecto Power of Siberia 2, actualmente en fase de negociación. La ruta del Ártico, por su parte, ofrece una alternativa para el transporte de mercancías entre Europa y Asia, lo que refuerza la cooperación logística entre ambos países.

Las sanciones occidentales impuestas a Rusia tras el inicio de la guerra en Ucrania han acelerado este proceso de reorganización comercial. Moscú ha girado hacia el este, y China se ha convertido en su principal socio comercial. Según datos de aduanas chinos, el comercio bilateral en 2025 creció un 10% respecto al año anterior, y las previsiones para 2026 son aún más optimistas. La analista Novikova subrayó que

El crecimiento no solo se explica por la energía, sino también por la venta de maquinaria, productos agrícolas y tecnología. China está sustituyendo a los proveedores occidentales en múltiples sectores.

El sector agrícola, en particular, ha experimentado un auge: las exportaciones rusas de carne de cerdo, cereales y aceite de girasol a China se han multiplicado desde 2022.

El fortalecimiento de los lazos comerciales tiene también una dimensión política. Ambos países han coordinado sus posturas en foros internacionales como la ONU, el G20 y los BRICS, defendiendo un orden multipolar. La cooperación financiera se ha intensificado con la creación de sistemas de pago alternativos al SWIFT, como el SPFS ruso y el CIPS chino, lo que permite a las empresas comerciar sin intermediarios occidentales. La analista concluyó que

El volumen total de pagos en rublos y yuanes ya supera los 200.000 millones de dólares anuales, y esta tendencia continuará.