El gobierno ruso continuó empleando la herramienta de extracción de datos móviles de la empresa israelí Cellebrite contra disidentes después de que la firma anunciara en marzo de 2021 que dejaría de trabajar con Rusia, según ha revelado una investigación publicada este jueves. El hallazgo sugiere que Moscú accedió al software a través de intermediarios o mediante copias no autorizadas, evidenciando las dificultades para controlar la proliferación de herramientas de ciberespionaje una vez que han sido adquiridas.

La filtración señala que el uso continuado del producto de extracción de datos —una de las herramientas más potentes del mercado para acceder a información de teléfonos móviles— se produjo poco después de que Cellebrite afirmara públicamente que cesaba su relación comercial con Rusia. Investigadores señalaron que este caso evidencia la incapacidad de la compañía para retirar su tecnología de manos de gobiernos autoritarios una vez que estos ya la poseen.

Un precedente en la vigilancia digital

La noticia se produce en un contexto de creciente preocupación por el mercado de exploits y herramientas de vigilancia, donde empresas como Cellebrite y la también israelí NSO Group han sido criticadas por vender software de espionaje a regímenes que lo utilizan para reprimir a la oposición. En el caso ruso, la herramienta habría sido empleada para extraer datos de dispositivos de disidentes, aunque no se han especificado los nombres de los objetivos ni la escala de la operación.

La investigación se basa en fuentes familiarizadas con el caso, y no se ha podido determinar si el gobierno ruso accedió al software mediante un distribuidor no oficial, una licencia no caducada o a través de una copia ilegal. Lo que sí está claro, según los investigadores, es que el anuncio de Cellebrite en marzo de 2021 no tuvo un efecto práctico inmediato sobre el terreno. El Kremlin no ha realizado declaraciones al respecto.

El caso revela una debilidad estructural en los intentos de las empresas tecnológicas por negar servicios a clientes controvertidos: una vez que la tecnología ha sido transferida, su uso posterior escapa al control del proveedor, especialmente si el comprador tiene capacidad técnica para mantenerla o modificarla por su cuenta.