Las fuerzas rusas han llevado a cabo un intenso bombardeo nocturno contra la capital ucraniana, Kiev, durante la noche del 24 de mayo, causando al menos cuatro víctimas mortales y numerosos heridos, según fuentes oficiales ucranianas. El ataque, que se produjo en plena escalada bélica, sigue a las amenazas de Moscú de vengar una ofensiva previa sobre territorio ocupado.

Una ofensiva que no cesa

El bombardeo, descrito por las autoridades como masivo, alcanzó varias zonas residenciales e infraestructuras civiles, lo que ha elevado la condena internacional. Los equipos de emergencia continúan trabajando entre los escombros mientras el balance de víctimas podría aumentar en las próximas horas, según ha advertido la Administración Militar de la ciudad.

Rusia había advertido previamente de represalias tras un ataque ucraniano contra posiciones rusas en la región ocupada de Zaporiyia, aunque Kiev no ha reivindicado esa acción. Este último asalto nocturno a Kiev, una de las ciudades más castigadas desde el inicio de la invasión en 2022, subraya la persistencia de la ofensiva rusa a pesar de los esfuerzos diplomáticos por alcanzar un alto el fuego.

Reacciones y contexto

El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, ha denunciado el ataque en sus redes sociales, calificándolo de “terrorismo deliberado” y reiterando la necesidad de más sistemas de defensa aérea por parte de los aliados occidentales. La Unión Europea y la OTAN han condenado el bombardeo y han expresado su solidaridad con Ucrania, mientras que el Kremlin no ha emitido comentarios oficiales sobre la operación.

Kiev ha sido blanco de ataques periódicos desde el inicio de la guerra, pero la intensidad de la última oleada, con drones y misiles, ha reactivado el debate sobre la capacidad de Ucrania para proteger su espacio aéreo. Los analistas militares señalan que, pese a la ayuda occidental, la defensa antiaérea ucraniana sigue siendo vulnerable ante ataques masivos y coordinados.