Rusia ha firmado un acuerdo de cooperación militar-técnica con el régimen talibán de Afganistán, en un movimiento que consolida la creciente influencia de Moscú en Asia Central y desafía el orden de seguridad heredado de la presencia estadounidense. El pacto, alcanzado entre Serguéi Shoigú, secretario del Consejo de Seguridad ruso, y Mawlawi Mohammad Yaqoob, ministro de Defensa talibán, fue anunciado a mediados de junio de 2026 y supone el primer gran acuerdo bilateral de esta naturaleza desde la toma del poder por los talibanes en agosto de 2021.
Un giro estratégico en la seguridad regional
El acuerdo establece mecanismos de cooperación en materia de defensa y transferencia de tecnología militar, aunque no se han divulgado detalles sobre el alcance concreto de las armas o sistemas que podrían intercambiarse. Según fuentes diplomáticas rusas citadas por la prensa internacional, la iniciativa busca contrarrestar la influencia de actores externos en la región, en particular la de Estados Unidos y sus aliados, que mantienen presencia militar residual en países vecinos. Rusia también pretende estabilizar su frontera sur, especialmente en Asia Central, donde el avance de grupos yihadistas procedentes de Afganistán es una preocupación recurrente para Moscú.
Para los talibanes, el acuerdo representa un espaldarazo diplomático y militar en su lucha por el reconocimiento internacional. Desde que retomaron el poder, ningún Gobierno occidental ha reconocido oficialmente al Emirato Islámico de Afganistán, pero Rusia, China e Irán han mantenido canales abiertos. El pacto militar con Moscú refuerza la posición negociadora de los talibanes frente a la comunidad internacional.
A veces lo único más aterrador que los problemas de Afganistán son las soluciones de los talibanes, y el reciente acuerdo militar-técnico entre Rusia y los talibanes puede ser el más alarmante hasta ahora.
Implicaciones para Washington y el orden global
La alianza entre Rusia y el régimen talibán se produce en un contexto de competencia geopolítica creciente. La salida de las tropas estadounidenses en 2021 dejó un vacío de seguridad que potencias como Rusia y China están ocupando activamente. Para Washington, según analistas de inteligencia citados por medios especializados, el acuerdo supone un revés estratégico, ya que permite a los talibanes acceder a capacidades militares que podrían emplearse contra intereses occidentales o aliados regionales. Estos mismos analistas advierten de que el acuerdo brinda a uno de los regímenes más represivos del mundo, según organizaciones de derechos humanos, una vía para volverse más capaz y arraigarse en un orden regional donde la influencia rusa se expande a expensas de Estados Unidos.
El pacto también tensa las relaciones en Asia Central. Países como Tayikistán, que alberga una base militar rusa y comparte frontera con Afganistán, ven con recelo el acercamiento de Moscú a los talibanes. Uzbekistán y Turkmenistán, por su parte, mantienen una posición más pragmática. Rusia asegura que el acuerdo incluye compromisos antiterroristas por parte de los talibanes, pero la falta de transparencia sobre los términos concretos alimenta las dudas sobre el verdadero alcance de la cooperación.




