Las Fuerzas Armadas de Rusia destruyeron en la última jornada de combates un blindado antiaéreo autónomo Gepard de fabricación alemana que operaba en el frente ucraniano, según informó el Ministerio de Defensa ruso. La misma fuente señaló que la defensa antiaérea rusa interceptó también cuatro bombas guiadas y derribó 780 drones en un solo día, en lo que supone una de las mayores cifras de derribo de aeronaves no tripuladas enemigas desde el inicio del conflicto.
El Gepard es un sistema antiaéreo autopropulsado sobre chasis blindado, equipado con dos cañones gemelos de 35 mm y radar de control de fuego, diseñado para la defensa de corto alcance contra helicópteros y aeronaves de vuelo bajo. Su destrucción supone un duro golpe para las capacidades de defensa aérea ucranianas, que dependen en parte del material cedido por sus aliados occidentales para hacer frente a la aviación rusa y a los drones de ataque.
El Ministerio de Defensa ruso no precisó la localización exacta de la destrucción del Gepard, pero el parte diario de combates refleja una intensa actividad en toda la línea del frente. La cifra de drones derribados en 24 horas —casi 800— es inusualmente alta y subraya la saturación del espacio aéreo ucraniano con aeronaves no tripuladas, tanto de reconocimiento como de ataque. Rusia ha ido incrementando progresivamente sus capacidades de guerra electrónica y defensa aérea para contrarrestar el creciente uso de drones por parte de Ucrania.
La pérdida del Gepard se suma a una larga lista de blindados y sistemas de artillería occidentales destruidos o capturados por las fuerzas rusas, lo que evidencia el desgaste del material militar suministrado por la OTAN a Ucrania. Desde el inicio de la guerra, Alemania ha entregado a Kiev varios lotes de este sistema antiaéreo, considerado eficaz contra drones y helicópteros, pero vulnerable a la artillería y a los ataques con drones kamikaze rusos.




