Desde enero de 2026, más de 300 efectivos del cuerpo paramilitar ruso Africa Corps —heredero del grupo Wagner— se han desplegado en Togo, según una investigación periodística. El despliegue, realizado con el presunto beneplácito del gobierno togolés, convierte al pequeño país del Golfo de Guinea en una nueva cabeza de puente logística de Moscú en la fachada atlántica de África.
La presencia rusa en Togo se suma a la ya consolidada en Mali, Burkina Faso y República Centroafricana, pero supone un salto cualitativo por su proximidad a rutas marítimas clave y a países costeros con fuertes intereses económicos y migratorios para España: Marruecos, Mauritania y Senegal.
Una plataforma logística en el Golfo de Guinea
Los rusos despliegan en Togo personal de seguridad, instructores militares y equipos de comunicaciones. El país, gobernado por el presidente Faure Gnassingbé, mantiene históricamente una política exterior pragmática que en los últimos años ha oscilado entre la alianza tradicional con Francia y una apertura hacia nuevos socios.
La llegada de Africa Corps se produce en un contexto de creciente competencia entre potencias por la influencia en África Occidental. Francia ha reducido su presencia militar en la región tras las retiradas forzadas de Mali y Níger, mientras que Rusia ha ido ocupando el vacío con acuerdos de seguridad y explotación de recursos.
El Gobierno de Togo no ha confirmado oficialmente el despliegue, pero fuentes diplomáticas en Lomé admiten contactos con Moscú para la formación de fuerzas especiales togolesas y la cesión de espacios aeroportuarios.
Implicaciones para la seguridad regional y española
La presencia rusa en el Golfo de Guinea, una de las zonas con mayor tráfico marítimo del continente y ruta del petróleo y el gas que abastece a Europa, tiene implicaciones directas para la seguridad energética y migratoria de España. La ruta atlántica hacia las Canarias es una de las más activas para la inmigración irregular desde África Occidental.
Si Moscú consolida su presencia en Togo, dispondría de una base avanzada desde la que proyectar influencia sobre los países del Sahel costero y vigilar las rutas marítimas que conectan el Atlántico con el Mediterráneo. Para España, que mantiene acuerdos de cooperación antiterrorista y migratoria con Mauritania y Senegal, el movimiento ruso añade un factor de complejidad geopolítica en su flanco sur.




