Rusia concedió más de 1.000 visados en 2025 en el marco de su programa de inmigración basado en los denominados «valores tradicionales», una iniciativa que busca atraer a ciudadanos extranjeros que compartan los principios conservadores promovidos por el Kremlin. El mayor contingente de estos permisos correspondió a ciudadanos alemanes, según informó el director del Departamento Consular del Ministerio de Exteriores ruso, Alexéi Klimov.
El programa, lanzado en 2024, responde a la estrategia de Moscú de contrarrestar lo que considera la decadencia cultural de Occidente y de fomentar la migración selectiva de personas afines a la agenda conservadora rusa, en un contexto de creciente fractura geopolítica con la Unión Europea y Estados Unidos.
Alemania encabeza la lista de solicitantes
Según declaró Klimov a la agencia Sputnik, de los más de 1.000 visados emitidos en 2025, 168 fueron otorgados a ciudadanos alemanes, lo que supone el grupo nacional más numeroso. «La mayoría de estos visados, 168, fueron emitidos a ciudadanos alemanes», afirmó el diplomático, sin detallar el resto de nacionalidades ni los criterios exactos de selección.
Alemania es uno de los países de la UE donde el discurso sobre los valores tradicionales ha generado más debate público, en parte por las políticas de apertura migratoria y de género impulsadas por anteriores gobiernos. El dato refleja que el llamamiento ruso ha encontrado cierta acogida entre sectores conservadores germanos.
El programa de visados por valores tradicionales se enmarca en una batería de medidas legislativas aprobadas en Rusia desde 2022, entre las que figuran leyes que restringen la llamada «propaganda LGTB» y que endurecen las sanciones por difusión de contenidos considerados ofensivos hacia los valores familiares. La iniciativa migratoria se presenta como una vía para que extranjeros que compartan esos principios puedan obtener la residencia con mayor facilidad.
Analistas internacionales han señalado que el programa tiene un componente geopolítico claro: explotar las divisiones culturales en las sociedades occidentales y presentar a Rusia como un bastión de la moral tradicional frente a la supuesta degeneración de la UE. El éxito inicial, con más de mil visados en un año, sugiere que, al menos en el caso alemán, la estrategia ha calado en un nicho de población descontento con la deriva social de su país.




