El astillero Sevmash, en la ciudad de Severodvinsk (región de Arcángel, en el mar Blanco), ha celebrado este jueves la ceremonia oficial de colocación de la quilla del Murmansk, el décimo submarino nuclear de ataque de la clase Yasen (Proyecto 885M), según ha informado la United Shipbuilding Corporation rusa.
El acto contó con la asistencia de mandos militares rusos y representa un nuevo hito en el programa de construcción naval militar que Moscú mantiene desde hace años. La clase Yasen, diseñada como submarino multipropósito de cuarta generación, está capacitada para lanzar misiles de crucero Kalibr y Tsirkon, lo que le confiere capacidad de ataque terrestre, guerra antisuperficie y antisubmarina.
Con el Murmansk, Rusia suma ya diez unidades de esta serie. Los nueve anteriores, en orden de construcción, son Severodvinsk, Kazán, Nóvgorod, Krasnoyarsk, Arkhangelsk, Perm, Ulyanovsk, Voronezh y Vladivostok. El plan de la Armada rusa contempla la construcción de al menos doce unidades de esta clase, según fuentes del Ministerio de Defensa ruso.
Implicaciones para la OTAN y la Armada española
El incremento del número de submarinos Yasen en servicio activo supone un desafío para las armadas de la OTAN. Su capacidad para portar misiles hipersónicos Tsirkon —con alcance estimado de hasta 1.000 kilómetros y velocidad superior a Mach 8— y misiles de crucero Kalibr les permite amenazar objetivos terrestres a larga distancia, así como operar contra grupos de combate de superficie.
Para la Armada española, que despliega sus medios en el Mediterráneo occidental y el Atlántico oriental, la presencia de submarinos Yasen en aguas del Atlántico Norte y el Mediterráneo representa un factor de presión estratégica. Estos submarinos son considerados los más silenciosos y avanzados de la flota rusa, lo que dificulta su detección por parte de las fuerzas antisubmarinas aliadas.
Rusia mantiene un ritmo constante de construcción en Sevmash, pese a las sanciones occidentales y las tensiones derivadas de la guerra en Ucrania. La economía de guerra rusa ha priorizado la producción de sistemas de armas de alta tecnología, entre los que los submarinos nucleares ocupan un lugar central. La quilla del Murmansk se coloca apenas unos meses después de la botadura del Vladivostok, el noveno Yasen, lo que indica una cadencia de producción acelerada.




