Especialistas del Complejo de Aviación Ilyushin, integrado en la Corporación Unida de Aeronaves (UAC, perteneciente a Rostec), han completado con éxito los vuelos de prueba del turbohélice Il-114-300 desde los archipiélagos árticos de Novaya Zemlya y la Tierra de Francisco José. La certificación abre la puerta a que el avión ruso opere de forma fiable en climas hostiles, un requisito estratégico para la conectividad y la defensa en el Ártico.

Las pruebas se enmarcan en el programa de certificación del Il-114-300, diseñado para sustituir al antiguo Antonov An-24 y aliviar la dependencia rusa de aeronaves extranjeras. Según fuentes de Rostec, el avión demostró su aptitud para vuelos en condiciones de hielo, vientos extremos y baja visibilidad, habituales en el Polo Norte.

Proyección de poder en el Ártico

El éxito de las pruebas refuerza la capacidad de Moscú para mantener rutas aéreas en la región ártica, donde Rusia despliega una creciente infraestructura militar y de vigilancia. El Il-114-300, con capacidad para 68 pasajeros, está llamado a cubrir rutas entre bases y asentamientos remotos, tanto para uso civil como militar.

La aeronave incorpora motores Klimov TV7-117ST-02 y sistemas de navegación modernizados que permiten el aterrizaje en pistas de hielo no preparadas. Rostec asegura que el modelo puede soportar temperaturas de hasta -60 °C.

Autonomía frente a las sanciones

El desarrollo del Il-114-300 forma parte del esfuerzo ruso por sustituir importaciones aeronáuticas, golpeadas por las sanciones occidentales desde 2022. La producción en serie está prevista para finales de 2026 en la planta de Lukhovitsy, con el objetivo de suministrar unidades a aerolíneas regionales y al Ministerio de Defensa.

La certificación ártica supone un hito técnico que consolida la posición de Moscú en la carrera por el control del Ártico, donde también compiten Estados Unidos, Canadá y los países nórdicos.