El director del Fondo de Inversiones Directas de Rusia (RDIF), Kirill Dmitriev, ha anunciado este viernes que los planes para construir un túnel que conecte Rusia y Estados Unidos a través del estrecho de Bering se aclararán a finales de año. El proyecto, calificado como estratégico por Moscú, uniría la península de Chukotka, en el extremo oriental de Rusia, con Alaska, en el oeste de Estados Unidos, salvando los apenas 85 kilómetros que separan ambos territorios.

Un enlace intercontinental

El túnel, de concretarse, sería el primer enlace físico entre Eurasia y América, permitiendo el tránsito ferroviario y viario a través del Ártico. Según Dmitriev, que también ejerce como enviado especial del presidente ruso para la cooperación económica con países extranjeros, los detalles del proyecto se conocerán en los próximos meses, aunque no precisó plazos de construcción ni el presupuesto estimado.

La iniciativa, que lleva décadas sobre la mesa, ha cobrado impulso en el contexto del creciente interés de Rusia por el Ártico, tanto por su valor económico —recursos energéticos y ruta marítima— como por su relevancia militar. Para Washington, el proyecto implicaría un desafío logístico y político, dada la sensibilidad del estrecho de Bering en la defensa de Alaska.

Geopolítica del Ártico

El anuncio del RDIF se produce en un momento en que la cooperación ruso-estadounidense es mínima debido a las sanciones y la guerra en Ucrania. No obstante, Dmitriev no mencionó la necesidad de levantar restricciones para que el proyecto sea viable. Expertos consultados por medios rusos señalan que la obra requeriría una inversión multimillonaria y años de trabajo, además de un acuerdo bilateral que hoy parece lejano.

El túnel del estrecho de Bering no es nuevo en el debate público: ya se planteó en la época zarista y durante la Guerra Fría, pero nunca se materializó. Ahora, Rusia parece impulsarlo como una apuesta por la integración euroasiática y la conexión con América del Norte, en paralelo a sus proyectos de infraestructura en la Ruta Marítima del Norte.

De avanzar, el túnel podría transformar el comercio global, acortando distancias entre Asia y la costa este de Estados Unidos. Sin embargo, su viabilidad técnica, financiera y política sigue siendo incierta, tal y como admitió el propio Dmitriev al aplazar a final de año la concreción de los planes.