El Gobierno ruso ha intensificado la presión sobre Armenia a solo tres días de las elecciones parlamentarias del próximo domingo 7 de junio, con una serie de advertencias económicas que buscan frenar el creciente acercamiento de Ereván a la Unión Europea. Moscú ha amenazado con encarecer el suministro de gas e incluso limitar la entrada de productos armenios a su mercado, según informaron fuentes diplomáticas consultadas por la agencia de noticias.
La advertencia llega en un momento en que el primer ministro armenio, Nikol Pashinián, ha impulsado un giro en la política exterior del país, tradicionalmente alineado con Rusia, hacia Occidente. Armenia ha intensificado las conversaciones con Bruselas para avanzar en un acuerdo de asociación, lo que ha sido visto en el Kremlin como una amenaza directa a su esfera de influencia en el Cáucaso Sur.
Presión energética y comercial
Rusia es el principal proveedor de gas de Armenia y su mayor socio comercial. Las amenazas incluyen un posible incremento del precio del gas natural, que ya es objeto de un régimen preferencial, y la imposición de barreras a la importación de productos agrícolas e industriales armenios. Según expertos consultados por la agencia, estas medidas podrían tener un impacto significativo en una economía que depende en gran medida de las remesas y el comercio con Rusia.
Rusia ha intensificado la presión sobre Armenia antes de las elecciones parlamentarias del domingo, con una serie de advertencias económicas dirigidas a frenar el acercamiento a la Unión Europea.
Las elecciones del domingo se perfilan como un plebiscito sobre la orientación geopolítica de Armenia. Pashinián, que llegó al poder tras la Revolución de Terciopelo de 2018, ha mantenido una relación tensa con Moscú desde la guerra de Nagorno Karabaj de 2020, cuando Rusia no intervino para evitar la derrota militar armenia frente a Azerbaiyán. Desde entonces, el líder armenio ha buscado diversificar sus alianzas, incluyendo un acercamiento a la Unión Europea y a Estados Unidos.
Reacciones y contexto regional
El Gobierno armenio ha restado importancia a las amenazas rusas, calificándolas de «intento de injerencia en los asuntos internos del país». Sin embargo, la presión económica llega en un momento delicado: Armenia sigue lidiando con las consecuencias del conflicto de Karabaj y con una crisis humanitaria derivada del bloqueo de la frontera con Azerbaiyán.
Para la Unión Europea, el resultado electoral en Armenia tiene implicaciones directas. Un triunfo de Pashinián consolidaría un nuevo aliado en el Cáucaso Sur, una región clave para los corredores energéticos y de transporte. Por el contrario, una victoria de las fuerzas prorrusas podría reforzar la influencia de Moscú en un momento en que busca recomponer su poder en el espacio postsoviético, erosionado por la guerra en Ucrania.
La comunidad internacional sigue de cerca los comicios. La Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) desplegará una misión de observación electoral. El domingo se decidirá no solo el futuro político de Armenia, sino también el equilibrio de poder en una región donde Rusia, Turquía e Irán compiten por la influencia.
La amenaza rusa de restricciones comerciales es un recordatorio de la fragilidad de la soberanía armenia. La pregunta que queda en el aire es si las advertencias de Moscú lograrán disuadir a los votantes o si, por el contrario, reforzarán el sentimiento antisistema que impulsa a Pashinián.




