El Kremlin ha advertido este miércoles de que no tolerará que se silencie la versión rusa sobre el ataque de las fuerzas ucranianas contra la autoproclamada República Popular de Lugansk (LPR), en un nuevo movimiento dentro de su estrategia informativa en el conflicto ucraniano.

Así lo ha declarado el vicecanciller ruso y ayudante del presidente Vladímir Putin, Serguéi Riabkov, en una comparecencia recogida por la agencia Sputnik. En sus declaraciones, Riabkov afirmó:

Rusia hará todo lo posible para evitar que continúen las insinuaciones antirrusas en torno al ataque de las fuerzas armadas ucranianas contra la LPR.

Las declaraciones se producen después de que las autoridades prorrusas de Lugansk denunciaran un bombardeo ucraniano contra la capital regional, sin que hasta el momento se hayan aportado cifras oficiales de víctimas ni se haya verificado de forma independiente el alcance del ataque. Moscú sostiene que el ataque fue deliberado contra infraestructuras civiles, mientras que Kiev lo niega y acusa a Rusia de utilizar estos incidentes para justificar su ofensiva.

La postura de Riabkov refleja la línea dura del Kremlin en el ámbito de la comunicación: no permitir que la atención internacional se desplace de lo que Moscú considera crímenes de guerra ucranianos. Analistas rusos citados por medios locales coinciden en que la diplomacia rusa busca mantener la presión sobre Ucrania y sus aliados occidentales, especialmente ante la próxima reunión del Consejo de Seguridad de la ONU prevista para la semana que viene.

Hasta ahora, la ONU no ha emitido un comunicado oficial sobre el incidente, y fuentes diplomáticas consultadas indican que no hay evidencias verificadas que respalden la versión rusa. Sin embargo, el portavoz del Ministerio de Defensa ruso, Ígor Konashénkov, afirmó en una rueda de prensa que «los restos de munición encontrados en el lugar del impacto pertenecen a sistemas occidentales suministrados a Ucrania», sin ofrecer pruebas materiales.

El debate sobre la autoría del ataque se enmarca en la guerra de narrativas que acompaña al conflicto desde su inicio en 2014. Mientras Rusia intenta fijar la atención en las supuestas violaciones ucranianas del derecho internacional humanitario, Ucrania y sus socios denuncian que Moscú utiliza estos episodios para desviar la atención de sus propias acciones en el Donbás.