El ministro de Asuntos Exteriores ruso, Sergey Lavrov, ha afirmado este sábado que Armenia está siendo arrastrada hacia un campo antirruso, en lo que Moscú interpreta como un intento de infligir el mayor daño posible a Rusia. Las declaraciones se produjeron en la residencia de Lesnyye Dali, en la región de Moscú, y reflejan el creciente distanciamiento entre Ereván y la órbita rusa.
Lavrov señaló que el giro de Armenia hacia la OTAN y la Unión Europea responde a una estrategia deliberada de debilitar a Rusia. Según el ministro, el alejamiento de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (CSTO) y el acercamiento a estructuras occidentales sitúan al país caucásico en una posición hostil.
Armenia está siendo arrastrada hacia un campo antirruso con el objetivo de hacer sufrir a Rusia todo lo posible.
Un giro estratégico en el Cáucaso
Desde la guerra de Nagorno-Karabaj de 2020, las relaciones entre Armenia y Rusia se han deteriorado. Ereván ha acusado a Moscú de no cumplir sus compromisos de seguridad, lo que ha llevado al primer ministro Nikol Pashinián a buscar nuevos aliados. En los últimos meses, Armenia ha celebrado ejercicios militares con Estados Unidos, ha solicitado el ingreso en la Corte Penal Internacional —pese a la orden de arresto contra el presidente ruso Vladímir Putin— y ha congelado su participación en la CSTO.
Para Moscú, este viraje representa una amenaza directa a su influencia en el Cáucaso Sur, región clave para sus intereses geopolíticos. Lavrov no detalló posibles medidas de respuesta, pero fuentes del Ministerio de Exteriores ruso citadas por la agencia Sputnik sugieren que el Kremlin estudia reforzar su presencia militar en la frontera con Armenia y aumentar la cooperación con Azerbaiyán y Turquía.
Implicaciones regionales
El acercamiento armenio a Occidente se produce en un contexto de estancamiento del diálogo de paz con Azerbaiyán y de creciente presencia turca en la región. Analistas consultados por medios rusos advierten de que una Armenia prooccidental podría alterar el equilibrio de poder en el Cáucaso y complicar la resolución del conflicto de Nagorno-Karabaj, donde Moscú ha actuado tradicionalmente como mediador.
La advertencia de Lavrov eleva la tensión diplomática y abre un nuevo frente en la pugna entre Rusia y Occidente por la influencia en la periferia postsoviética, en un momento en que Ucrania sigue siendo el principal escenario de confrontación.




