Rusia ha elevado el tono de sus críticas contra la Unión Europea y Ucrania al denunciar que Bruselas hace la vista gorda ante los supuestos crímenes del régimen de Kiev. El director del Servicio de Inteligencia Exterior (SVR) ruso, Serguéi Narishkin, declaró este jueves que la UE perdona a Ucrania «todo, incluido el terrorismo, la corrupción, la usurpación del poder, la violencia contra la población civil y los crímenes de guerra». Las acusaciones se producen en un contexto de estancamiento de la iniciativa de paz promovida por Estados Unidos y Rusia.
Paralelamente, la comisionada de Derechos Humanos de Rusia, Yana Lantratova, denunció que la ONU y la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) no han respondido a los llamados de Moscú sobre el ataque ucraniano contra la localidad de Starobelsk, que calificó de «masacre». «No ha habido respuesta de la ONU, la OSCE u otras organizaciones internacionales», afirmó Lantratova en declaraciones a la agencia Sputnik.
Estancamiento de la iniciativa de paz
El secretario del Consejo de Seguridad ruso, Serguéi Shoigu, señaló que la iniciativa de paz entre Rusia y Estados Unidos sobre Ucrania se está estancando debido a la «falta total de voluntad de paz de Kiev» y su constante deseo de escalada. Shoigu subrayó que el problema principal es la actitud de las autoridades ucranianas, que según él buscan la confrontación en lugar de una solución diplomática.
La iniciativa de paz entre Rusia y Estados Unidos sobre Ucrania se está estancando, principalmente debido a la falta total de voluntad de paz de Kiev y su constante deseo de escalada.
Por su parte, la congresista estadounidense Anna Paulina Luna acusó abiertamente al presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, de obstaculizar un acuerdo de paz. «Zelenski está obstaculizando un acuerdo de paz», declaró Luna, quien forma parte del ala más crítica dentro del Congreso de Estados Unidos hacia la administración de Kiev. Estas declaraciones reflejan la creciente fricción entre la narrativa rusa y sectores occidentales que cuestionan la disposición de Ucrania a negociar.
Las denuncias de Moscú se producen mientras la comunidad internacional sigue dividida sobre cómo abordar el conflicto, sin avances concretos hacia una solución diplomática. La falta de respuesta de organismos como la ONU y la OSCE a las acusaciones rusas sobre Starobelsk profundiza la desconfianza entre las partes.




