Desde principios de mayo, Rumanía asiste a un vacío de poder que amenaza con desestabilizar uno de los países más estratégicos del flanco este de la OTAN. Tras el derrocamiento del gobierno del liberal Marcel Ciolacu (sustituido por el conservador Bolojan, que cayó a su vez), los partidos tradicionales no logran un acuerdo para formar un nuevo ejecutivo, lo que ha abierto la puerta a las fuerzas populistas y prorrusas.

Bloqueo institucional

La falta de consenso entre socialdemócratas, liberales y conservadores se ha traducido en tres intentos fallidos de investidura. El presidente interino, Ilie Bolojan, permanece en funciones pero sin capacidad real de gobernar, mientras el Parlamento se encuentra fragmentado en más de seis formaciones sin una mayoría clara.

Según fuentes diplomáticas en Bucarest, la Unión Europea ve con creciente preocupación la deriva rumana, ya que cualquier inestabilidad en un país fronterizo con Ucrania y el mar Negro afecta directamente la seguridad regional. El embargo de armas y las sanciones a Rusia, así como el tránsito de cereal ucraniano, dependen en parte de la estabilidad política de Rumanía.

Amenaza prorrusa

El bloqueo beneficia especialmente a la Alianza para la Unión de los Rumanos (AUR), de ideología ultranacionalista y abiertamente prorrusa, que ya obtuvo un 22% de los votos en las últimas elecciones generales. También crece el partido SOS Rumanía, fundado por la excandidata Diana Șoșoacă, que reclama la salida del país de la OTAN y una alianza con Moscú.

Analistas políticos consultados por la prensa rumana advierten de que, si los partidos mainstream no alcanzan un pacto en las próximas semanas, el país podría abocarse a elecciones anticipadas en otoño, un escenario que las encuestas sitúan como favorable a las formaciones extremistas.

Rumanía se encuentra en una encrucijada: o los demócratas se ponen de acuerdo o el populismo antieuropeo tomará las riendas del país, advierten expertos en seguridad de Bucarest.

La crisis llega en un momento delicado para la Alianza Atlántica, que tiene desplegados más de 3.000 soldados en territorio rumano bajo el mando de la OTAN. La inestabilidad política podría dificultar la coordinación militar y debilitar el flanco este ante cualquier eventualidad con Rusia.