El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, ha expuesto el objetivo estratégico de la administración Trump hacia Irán: evitar que Teherán establezca un escudo convencional masivo de misiles y drones que le permita encubrir su programa nuclear. Las declaraciones se produjeron durante una comparecencia ante el Senado la semana pasada, según fuentes presentes en la sesión.
Rubio citó al presidente Donald Trump al afirmar que era imperativo que Irán no pudiera construir una capacidad convencional que, según las previsiones, iba a duplicar su arsenal de misiles y drones. «Si alcanzaban el punto en que tuvieran tantos misiles y tantos drones, además de sus capacidades navales, Irán diría al mundo que no se podía hacer nada con su programa nuclear porque, si se intentaba, abrumarían las defensas con el volumen de lanzamientos», declaró Rubio. La administración consideraba que era un riesgo inaceptable y que se acababa el tiempo para abordarlo.
Era imperativo que Irán no pudiera establecer un escudo convencional que estaban construyendo con un número masivo de drones y misiles, y estaban en camino de duplicar lo que tenían.
El análisis de Rubio subraya la lógica tras la presión máxima ejercida por Washington sobre Teherán en los últimos meses. Según el secretario de Estado, el objetivo no se limita a la no proliferación nuclear, sino a impedir que Irán desarrolle un poderío militar convencional que desafíe a Estados Unidos y sus aliados en Oriente Próximo.
Cronología de una estrategia
Las palabras de Rubio se enmarcan en la política de la administración Trump, que ha endurecido las sanciones y las amenazas militares contra Irán desde principios de 2025. El Departamento de Estado ha tratado de desmantelar la red de producción de misiles y drones iraníes, así como sus capacidades navales, que habrían permitido a Teherán disuadir cualquier intervención exterior.
La comunidad de inteligencia estadounidense habría alertado de que Irán estaba cerca de alcanzar un punto de inflexión en su capacidad de saturación de defensas aéreas, lo que habría hecho prácticamente imposible detener su programa nuclear mediante medios convencionales. La exposición de Rubio, aunque no revela nuevos datos operativos, confirma la visión estratégica que ha guiado la política de máxima presión: impedir que Irán pueda proteger su programa nuclear tras un escudo de armas convencionales.
Analistas consultados interpretan que la administración Trump considera que ha neutralizado temporalmente esa amenaza, pero insisten en que la vigilancia debe continuar para evitar que Teherán reconstruya sus capacidades una vez relajada la presión.




