El fabricante espacial estadounidense Rocket Lab ha adquirido Iridium Communications, operador de una de las mayores constelaciones de satélites de comunicaciones en órbita baja. El consejero delegado de Rocket Lab, Peter Beck, ha calificado la operación como el «paso lógico» en su estrategia para expandirse en el lucrativo mercado de servicios espaciales comerciales y de defensa.
La compra de Iridium, anunciada el 29 de junio de 2026, consolida la posición de Rocket Lab en un sector cada vez más competido por la conectividad global por satélite. Iridium cuenta con una flota de 66 satélites operativos en órbita terrestre baja que ofrecen servicios de voz y datos en todo el planeta, incluidos los polos. La integración de esta infraestructura permitirá a Rocket Lab ofrecer capacidades llave en mano a clientes gubernamentales y comerciales, desde comunicaciones tácticas militares hasta conectividad para el internet de las cosas.
Una apuesta por el mercado institucional y de defensa
Rocket Lab, conocido por su cohete reutilizable Electron y por desarrollar el lanzador mediano Neutron, busca así diversificar sus fuentes de ingreso más allá del lanzamiento de satélites. La adquisición le proporciona una red de satélites ya desplegada y una cartera de clientes estables, entre ellos agencias de defensa de varios países y operadores de telecomunicaciones.
Con la operación, la compañía estadounidense se sitúa en una posición de fuerza para competir por grandes contratos institucionales como el programa europeo IRIS², que prevé desplegar una constelación propia de conectividad segura para la Unión Europea. También podría aspirar a acuerdos con clientes españoles como Hisdesat, que gestiona satélites gubernamentales de comunicaciones.
La compra de Iridium es el paso lógico en nuestra ambición de convertirnos en un proveedor líder de servicios espaciales integrados, desde el lanzamiento hasta la operación de constelaciones completas.
La operación refleja la tendencia a la consolidación en el sector espacial, donde empresas como SpaceX, Amazon (con su proyecto Kuiper) y la propia Rocket Lab compiten por controlar tanto la infraestructura de lanzamiento como la de comunicaciones en órbita baja. La integración vertical de capacidades se perfila como la clave para ganar los multimillonarios contratos que gobiernos y ejércitos prevén licitar en los próximos años.




