La crisis en la siderúrgica británica British Steel ha truncado la estrategia de un fabricante chino que pretendía utilizar la empresa como plataforma para acceder a mercados occidentales y esquivar los aranceles impuestos a las importaciones chinas de acero. El intento ha desembocado en una disputa política y regulatoria en el Reino Unido.
El grupo chino Jingye Group, un fabricante privado de acero con sede en la provincia de Hebei, adquirió British Steel por 70 millones de libras (unos 91 millones de dólares) en 2020. La compra se inscribía en una estrategia más amplia de varias empresas chinas para sortear las barreras arancelarias que la Unión Europea y otros países occidentales han impuesto al acero chino en los últimos años.
Un proyecto frustrado por la política británica
El Gobierno del Reino Unido ha presentado recientemente un proyecto de ley que podría nacionalizar la compañía, con sede en el este de Inglaterra. La iniciativa ha generado incertidumbre sobre el futuro de la planta y ha puesto en jaque los planes del grupo asiático, que aspiraba a convertir British Steel en una cabeza de puente para sus exportaciones hacia Europa y Norteamérica.
La crisis de British Steel descarrila la estrategia de un fabricante chino para eludir aranceles y acceder a los mercados occidentales desde una base británica.
La medida del Gobierno laborista, según fuentes parlamentarias, responde a la presión de los sindicatos y a la preocupación por la viabilidad a largo plazo de la siderúrgica, que arrastra problemas de competitividad desde antes de la adquisición china. El Ejecutivo británico aún no ha precisado los términos de la posible nacionalización ni el impacto que tendría sobre los derechos del grupo Jingye.
Implicaciones para el comercio global
El caso ilustra las dificultades que enfrentan las empresas chinas al tratar de establecer bases de producción en países desarrollados para sortear los aranceles antidumping y las restricciones comerciales. La Unión Europea mantiene desde 2018 aranceles de hasta el 25% sobre determinados productos siderúrgicos chinos, y Estados Unidos aplica gravámenes del 25% en virtud de la Sección 232.
Según analistas del sector, el desenlace de esta disputa podría sentar un precedente para futuras inversiones chinas en sectores estratégicos de Occidente, en un contexto de creciente escrutinio regulatorio y tensiones geopolíticas entre Pekín y las potencias occidentales.




