El Gobierno británico ha desclasificado una serie de archivos secretos que revelan cómo el Reino Unido llevó a cabo operaciones de propaganda negra durante la Guerra Fría, incluyendo la falsificación de documentos, el control de agencias de noticias y la captación de periodistas. La documentación, publicada el 14 de mayo de 2026, muestra el alcance de las actividades encubiertas de los servicios de inteligencia británicos para influir en la opinión pública y desacreditar a adversarios en Europa y otras regiones.

Las claves de la propaganda encubierta

Los archivos, custodiados durante décadas en los Archivos Nacionales del Reino Unido, detallan cómo el Information Research Department (IRD), una unidad del Ministerio de Exteriores creada en 1948, coordinó campañas de desinformación. Entre las operaciones documentadas figuran la distribución de documentos falsificados que atribuían a la Unión Soviética intenciones agresivas, la infiltración en medios de comunicación extranjeros y la financiación encubierta de publicaciones afines a los intereses británicos, según fuentes oficiales citadas en los propios archivos.

La desclasificación, impulsada por el Ministerio de Defensa británico tras una revisión de materiales sensibles, ha reabierto el debate sobre el uso de la desinformación como herramienta de Estado. Los documentos indican que las operaciones se intensificaron tras el inicio de la Guerra Fría, con el objetivo de contrarrestar la influencia soviética en países clave como Italia, Francia y Alemania Occidental.

Periodistas y agencias bajo control

Según los archivos, el IRD estableció una red de periodistas y agencias de noticias que actuaban como canales de propaganda sin que los destinatarios conocieran su origen británico. La documentación menciona que se pagó a corresponsales extranjeros para que publicaran artículos favorables al bloque occidental y se crearon agencias de noticias títere en varios países. Un informe interno del IRD, fechado en 1953, reconoce explícitamente que estas actividades violaban las normas diplomáticas internacionales, pero las justifica como necesarias en la lucha ideológica contra el comunismo.

La publicación de estos archivos coincide con un creciente interés por las operaciones de influencia y guerra de información, tanto históricas como contemporáneas. El Gobierno británico no ha emitido comentarios oficiales hasta el momento, aunque fuentes del Ministerio de Exteriores han señalado que los documentos se han desclasificado en el marco de una política de transparencia sobre el pasado reciente del país.