La ciudad de Uvira, en la provincia de Kivu del Sur, se ha convertido en un punto de repliegue clave para las milicias wazalendo, aliadas del ejército congoleño, tras la ocupación de la capital provisional de la región por los rebeldes de la AFC/M23. Un reportaje publicado el 9 de junio retrata la delicada gestión de estos grupos armados, que se han vuelto tan imprescindibles como incómodos para las fuerzas gubernamentales.

«À Uvira, avec quatre kalachs, vous êtes général», reza una frase recogida por la revista Jeune Afrique que ilustra la facilidad con la que cualquiera puede alcanzar poder militar en esta zona: con cuatro fusiles de asalto Kalashnikov, cualquiera puede autoproclamarse general de una milicia. Los wazalendo —término suajili que significa «patriotas»— operan en la sombra del ejército regular, pero su control sobre territorios y recursos los convierte en actores difíciles de disciplinar.

Tras la ofensiva del M23, que mantuvo ocupada durante un mes la capital provisional del Sur-Kivu, el gobierno de Kinshasa ha intensificado sus esfuerzos para coordinar a estas milicias, aunque sin lograr someterlas a una cadena de mando unificada. Según fuentes locales citadas por el reportaje, muchos grupos wazalendo exigen reconocimiento oficial y suministros a cambio de su lealtad, lo que genera tensiones con los mandos castrenses.

La situación en el este de la República Democrática del Congo sigue siendo extremadamente volátil. Mientras el M23 avanza hacia el sur, los wazalendo se consolidan como una fuerza paralela que tanto apoya como complica las operaciones del ejército congoleño. La comunidad internacional observa con preocupación el resurgir del conflicto, que amenaza con desestabilizar aún más una región marcada por décadas de violencia.