La rivalidad diplomática entre Marruecos y Argelia se ha extendido al terreno cultural, con ambos países reclamando la autoría de elementos tradicionales compartidos como el zellige, el caftán, el cuscús o las babuchas. En un clima de ruptura de relaciones y tensión geopolítica, Rabat ha acusado a Argel de apropiación cultural, convirtiendo el patrimonio en un nuevo frente de conflicto bilateral.
Una disputa que va más allá de la artesanía
Según medios y académicos de ambos países, la batalla por la herencia cultural se ha intensificado en los últimos meses. Marruecos ha hecho del caftán un símbolo de esta lucha identitaria, mientras que Argelia defiende que muchas de estas tradiciones son patrimonio común magrebí. La disputa refleja la profunda división política que enfrenta a los dos países vecinos desde hace años, agravada por el cierre de fronteras y la ruptura diplomática de 2021.
El conflicto no solo afecta al plano simbólico, sino que tiene repercusiones internacionales, ya que ambas naciones buscan el reconocimiento de la Unesco y la comunidad cultural global. La pugna por la autoría del cuscús —plato declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad en 2020 a propuesta de Argelia, Marruecos, Mauritania y Túnez— es uno de los puntos más álgidos. Ahora, Rabat insiste en que muchos elementos fueron usurpados por la parte argelina sin reconocer su origen marroquí.
Un escenario de tensión bilateral
La rivalidad por el patrimonio se inscribe en un contexto más amplio de desencuentros políticos, que incluye el contencioso del Sáhara Occidental, el apoyo argelino al Frente Polisario y la alianza entre Marruecos e Israel. Para los analistas, esta batalla cultural es una prolongación de la competencia por la influencia regional en el norte de África, donde la identidad histórica se ha convertido en una herramienta de poder blando.
Mientras tanto, los artesanos y herederos de estas tradiciones en ambos lados de la frontera observan con preocupación cómo un legado común se convierte en motivo de enfrentamiento. La comunidad internacional asiste a una guerra de narrativas que, lejos de resolverse, amenaza con profundizar la fractura entre dos pueblos unidos por siglos de historia compartida.




