El presidente ruso, Vladímir Putin, y su homólogo chino, Xi Jinping, se reunieron este miércoles 20 de mayo en el Gran Palacio del Pueblo de Pekín para profundizar la asociación estratégica bilateral. Es la vigesimoquinta visita de Putin a China y se produce menos de una semana después del viaje del presidente estadounidense, Donald Trump, a la capital china.

Según datos oficiales chinos, el comercio bilateral superó los 200.000 millones de dólares en 2025, con un crecimiento interanual cercano al 20%. En el primer trimestre de 2026, el incremento fue del 15%, impulsado por las exportaciones energéticas rusas, las manufacturas chinas y los pagos en yuanes y rublos. Durante la cumbre, ambos mandatarios abordaron la construcción del gasoducto Siberia 2, que reforzaría el suministro energético entre ambos países.

Un mensaje a Occidente

La declaración conjunta calificó la relación como de «socios estratégicos inquebrantables», un mensaje dirigido a la OTAN y la Unión Europea, que intentan limitar la cooperación ruso-china, especialmente en el ámbito militar y tecnológico. El acercamiento entre Pekín y Moscú reconfigura el equilibrio de poder global y puede tener consecuencias para los intereses de España como miembro de la Alianza Atlántica y la UE. La creciente coordinación energética y comercial reduce la dependencia de Rusia respecto a los mercados europeos y fortalece la capacidad de China para proyectar influencia en Eurasia.

La cumbre concluyó sin anuncios concretos sobre nuevos acuerdos, pero ambos líderes subrayaron su compromiso de profundizar la alianza en un contexto internacional marcado por las sanciones y la competencia estratégica con Estados Unidos.