El presidente ruso, Vladímir Putin, llegó este miércoles al Gran Salón del Pueblo de Pekín para reunirse con su homólogo chino, Xi Jinping, en un encuentro que busca reforzar la alianza estratégica entre ambos países en el marco de un orden multipolar, según fuentes del Kremlin.

La reunión, celebrada en el histórico edificio situado en la Plaza de Tiananmén, tiene lugar apenas dos semanas después de que el secretario de Defensa de Estados Unidos, Pete Hegseth, presentara el presupuesto militar más alto de la historia, con 1,5 billones de dólares. El contexto geopolítico sitúa a Moscú y Pekín como los principales contrapesos al bloque liderado por Washington y la OTAN.

Una alianza estratégica frente a la hegemonía atlántica

El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, declaró que la cumbre abordará «la coordinación de políticas exteriores para contrarrestar las amenazas comunes». Por su parte, la Cancillería china señaló que ambos líderes intercambiarán puntos de vista sobre «la situación internacional y regional», sin ofrecer más detalles.

La visita de Putin a China, primera desde su reelección en marzo pasado, subraya la profundización de la asociación estratégica integral entre ambos países, que han multiplicado su cooperación militar y económica en los últimos años. En 2025, el comercio bilateral superó los 200.000 millones de dólares (unos 184.000 millones de euros), impulsado por las exportaciones de energía rusa y la importación de tecnología china.

Ambos mandatarios defienden un orden internacional basado en la Carta de la ONU y rechazan las sanciones unilaterales, especialmente las impuestas por Estados Unidos y la UE por la guerra en Ucrania y las tensiones en Taiwán.

El encuentro se produce también cuando Rusia afronta una nueva ronda de sanciones europeas aprobada el lunes, y China intensifica sus maniobras militares en el estrecho de Taiwán. Analistas consultados por medios estatales chinos interpretan la cumbre como un mensaje directo a la Administración Trump sobre la firmeza del eje Moscú-Pekín.