El presidente ruso, Vladimir Putin, ha visitado este jueves Pekín para reunirse con su homólogo chino, Xi Jinping, en una cumbre destinada a reforzar la alianza estratégica entre ambos países y a impulsar un «nuevo orden mundial» que desafíe el liderazgo de Estados Unidos y la Unión Europea. La visita, la primera de Putin a China desde su reelección en marzo, se produce en un contexto de creciente tensión geopolítica y competencia entre los bloques.

Durante el encuentro, ambos mandatarios subrayaron que la relación bilateral atraviesa «el mejor momento de su historia», según declaraciones recogidas por la agencia oficial Xinhua. Putin y Xi coincidieron en la necesidad de fortalecer la cooperación económica y militar, así como de coordinar posiciones en foros internacionales como Naciones Unidas y los BRICS, con el objetivo de acelerar la transición hacia un mundo multipolar.

Un desafío directo a la OTAN y la UE

La cumbre llega en un momento en que la OTAN y la Unión Europea endurecen su postura ante el eje Pekín-Moscú. Bruselas ha advertido en repetidas ocasiones que la alianza entre Rusia y China amenaza la seguridad europea y los intereses de España como socio de la Alianza Atlántica. La visita de Putin, no obstante, evidencia que ambos países ignoran las críticas y profundizan su asociación.

Según analistas consultados, el entendimiento entre Rusia y China se ha visto reforzado por la guerra en Ucrania y las sanciones occidentales a Moscú. Pekín se ha convertido en un socio comercial esencial para Rusia, mientras que Moscú suministra a China energía, tecnología militar y apoyo diplomático en su conflicto con Taiwán.

La relación entre Rusia y China es un pilar fundamental de la estabilidad global y del orden internacional multipolar que estamos construyendo.

La declaración, atribuida al presidente Putin, refleja la ambición de ambos líderes de erigirse como contrapeso al poder estadounidense. Para España, miembro de la OTAN y la UE, el fortalecimiento del eje chino-ruso implica un desafío estratégico que obliga a replantear su posición en el tablero global, especialmente en lo relativo a la dependencia energética y las relaciones comerciales con China.

La sombra de Taiwán y la energía

En la agenda de la cumbre también figuró la situación en Taiwán, cuya independencia China considera una línea roja. Xi Jinping agradeció el respaldo de Moscú a la política de «una sola China» y criticó el creciente apoyo militar de Estados Unidos a la isla. Por su parte, Putin reiteró su apoyo a Pekín en este asunto.

Sin embargo, persisten dudas sobre la cooperación energética bilateral. Aunque Rusia ha aumentado sus exportaciones de gas y petróleo a China, las negociaciones sobre el gasoducto ‘Power of Siberia-2’ siguen estancadas debido a desacuerdos en los precios. El Kremlin confía en que la cumbre desbloquee el proyecto, clave para diversificar sus exportaciones energéticas.

La visita de Putin a China refuerza la percepción de un mundo cada vez más polarizado, donde Pekín y Moscú tratan de erigir un orden alternativo al liderado por Washington. Para España, esto implica la necesidad de equilibrar su lealtad atlántica con los intereses comerciales y diplomáticos que aún mantiene con ambos países.