El presidente ruso, Vladimir Putin, inicia este martes una visita de dos días a Pekín para reunirse con el líder chino, Xi Jinping, con el objetivo de reforzar la alianza estratégica entre ambos países, según han confirmado fuentes oficiales de los Gobiernos ruso y chino.

Un gesto de unidad estratégica

El encuentro se produce apenas cuatro días después de la cumbre entre Xi y el presidente estadounidense, Donald Trump, quien el jueves pasado se reunió con el mandatario chino en la capital estadounidense. La visita de Putin coincide además con la víspera del 25.º aniversario del tratado de amistad sino-ruso, firmado en 2001, y busca escenificar la cohesión del eje Pekín-Moscú en un contexto de crecientes tensiones con Occidente.

Según fuentes del Kremlin, la agenda incluirá la firma de acuerdos en materia energética y comercial, así como un intercambio de puntos de vista sobre la situación en Ucrania y la región del Indo-Pacífico. La reunión pretende enviar una señal de que la relación bilateral no se resiente por los movimientos diplomáticos de Washington, que en los últimos días ha buscado un acercamiento con China.

Para el presidente chino, recibir a Putin tan pronto después de verse con Trump refuerza su papel como interlocutor clave en la escena global y subraya su apuesta por un mundo multipolar. Ambos mandatarios han calificado la visita como «histórica» y han expresado su compromiso de profundizar la cooperación en todos los ámbitos. La visita se produce en un momento en que Rusia busca apuntalar su alianza con China como contrapeso a las sanciones occidentales y al apoyo militar a Ucrania.

El viaje de Putin a Pekín es el primero que realiza fuera de la antigua URSS desde que en marzo fuera reelegido para un nuevo mandato, y subraya la importancia que Moscú concede a su relación con Pekín. La cumbre Trump-Xi, por su parte, dejó entrever un posible deshielo en las relaciones entre Estados Unidos y China, lo que Moscú observa con atención.