El presidente ruso, Vladimir Putin, ha aterrizado este martes en Pekín para una visita oficial de dos días —19 y 20 de mayo— que refuerza la alianza estratégica entre Rusia y China en un contexto de creciente aislamiento occidental por la guerra en Ucrania.

Una agenda cargada de simbolismo

Durante su estancia, Putin se reunirá con su homólogo chino, Xi Jinping, con quien abordará la profundización de los lazos económicos, energéticos y militares. Según fuentes del Kremlin, se espera la firma de varios acuerdos bilaterales en los sectores de infraestructuras y tecnología.

La visita es la primera de Putin a China en 2026 y subraya la sintonía entre ambos líderes, que en los últimos años han multiplicado los encuentros de alto nivel para contrarrestar la presión de Estados Unidos y sus aliados. Pekín, que no ha condenado la invasión rusa de Ucrania, se ha convertido en un socio clave para Moscú, especialmente en el ámbito energético: las exportaciones de gas ruso a China han batido récords trimestrales desde 2024.

Escrutinio internacional

La cumbre coincide con la ofensiva diplomática occidental para aislar a Rusia. La Unión Europea y EE.UU. han seguido de cerca el viaje, mientras que la OTAN ha alertado del riesgo de una «asociación autoritaria» entre China y Rusia. No obstante, Xi Jinping ha defendido en repetidas ocasiones el derecho de ambos países a cooperar al margen de injerencias externas.

La alianza entre Pekín y Moscú no tiene límites, no conoce restricciones y está centrada en construir un orden internacional más justo y multipolar.

La visita concluirá el miércoles con una declaración conjunta que, según fuentes diplomáticas, incluirá un rechazo explícito a las sanciones unilaterales y una defensa del principio de no injerencia.