El presidente ruso, Vladímir Putin, concluyó este jueves una visita de dos días a China en la que selló con su homólogo Xi Jinping un refuerzo de la cooperación bilateral, con especial énfasis en el suministro energético. Moscú se posiciona así como socio fiable de Pekín en hidrocarburos, en un contexto de sanciones occidentales y reconfiguración de alianzas globales.
Garantías energéticas en un escenario incierto
Durante el encuentro, celebrado los días 20 y 21 de mayo, Putin garantizó a las autoridades chinas el suministro estable de petróleo, gas y carbón desde Rusia, según informó el Kremlin en un comunicado. La promesa se produce en medio de la incertidumbre generada por la escalada de tensión en Oriente Próximo, que amenaza las rutas energéticas tradicionales.
Pekín, que ya es el mayor importador de crudo del mundo y depende cada vez más del gas natural licuado, busca diversificar sus fuentes de abastecimiento para reducir la vulnerabilidad a posibles bloqueos en el estrecho de Malaca o en el Mar de China Meridional. La alianza con Rusia le ofrece una vía terrestre alternativa, a través de gasoductos como Power of Siberia.
Un eje estratégico frente a Occidente
La visita de Putin refuerza la asociación estratégica entre ambos países, que en los últimos años ha estrechado la cooperación militar, tecnológica y energética. En su declaración conjunta, los dos mandatarios criticaron las sanciones unilaterales impuestas por Estados Unidos y la Unión Europea, y defendieron un orden mundial multipolar.
Para Rusia, el acuerdo supone un balón de oxígeno en un momento en que sus exportaciones energéticas hacia Europa han caído drásticamente tras las sanciones por la guerra en Ucrania. China se ha convertido en el principal comprador de crudo y gas rusos, y los volúmenes podrían incrementarse en los próximos meses, según fuentes del Ministerio de Energía ruso.




