El presidente ruso, Vladímir Putin, ha aterrizado este martes en Pekín para una visita de Estado de dos días que incluye encuentros con su homólogo chino, Xi Jinping, y con el primer ministro, Li Qiang. El desplazamiento, enmarcado en la creciente alianza estratégica entre Moscú y Pekín, se produce en un contexto de tensión con Occidente por la guerra en Ucrania.
Según el Kremlin, el programa oficial arrancará el miércoles con una reunión a solas entre Putin y Xi, seguida de conversaciones ampliadas con las delegaciones de ambos países. La cancillería rusa subrayó que la visita reforzará la coordinación en materia de seguridad y economía, en un momento en que Moscú busca consolidar el eje multipolar frente a las sanciones occidentales.
Una alianza estratégica en plena ofensiva
El viaje de Putin a China es el primero de alcance bilateral desde el inicio de la contraofensiva ucraniana en la primavera. Pekín ha mantenido una posición de «neutralidad activa» y ha reiterado su disposición a mediar, pero el apoyo diplomático y económico a Rusia ha sido constante. El comercio bilateral alcanzó los 240.000 millones de dólares en 2025, un incremento del 23% respecto al año anterior, según datos de la Aduana china.
En vísperas de la visita, el portavoz del Ministerio de Exteriores ruso, Mariya Zajárova, declaró en un comunicado que «las relaciones entre Rusia y China son un ejemplo de orden mundial multipolar, basado en la igualdad soberana y la no injerencia». El lenguaje contrasta con el de la administración estadounidense, que ha criticado el acercamiento.
El contexto geopolítico y las sanciones
La visita coincide con la preparación de un nuevo paquete de sanciones de la Unión Europea contra Moscú. Bruselas ha señalado a empresas chinas por supuesta elusión de las restricciones en la exportación de componentes electrónicos de uso dual. Pekín ha rechazado las acusaciones y ha advertido de que «cualquier presión externa no alterará la asociación estratégica» con Rusia.
El encuentro entre Putin y Xi abordará, según fuentes diplomáticas, la profundización de los pagos en monedas locales y la creación de una infraestructura financiera paralela a Swift. Rusia y China realizan ya el 70% de sus transacciones en rublos y yuanes, frente al 20% de 2021, según datos del Banco Central ruso.




