El presidente de Polonia, Karol Nawrocki, ha retirado la más alta condecoración polaca al presidente ucraniano Volodímir Zelenski, en una escalada del conflicto histórico entre ambos países en torno al legado del Ejército Insurgente Ucraniano (UPA) y la masacre de Volinia. La decisión, anunciada el 22 de junio, tensa aún más la alianza frente a Rusia en plena campaña electoral polaca.

Un gesto sin precedentes

Según fuentes oficiales polacas, Nawrocki ha revocado la Orden del Águila Blanca que fuera concedida a Zelenski por su predecesor, Andrzej Duda, en reconocimiento a la cooperación bilateral durante la invasión rusa. La retirada se produce después de que Kiev reabriera el debate sobre la UPA, una formación nacionalista que combatió junto a los nazis y que perpetró la matanza de decenas de miles de polacos entre 1943 y 1944 en Volinia y Galicia oriental. Polonia considera ese episodio un genocidio.

La UPA es responsable del asesinato de entre 60.000 y 120.000 polacos, según las estimaciones históricas. La glorificación de sus figuras en Ucrania es una línea roja para Varsovia.

Ucrania, por su parte, ha respondido con indignación. El Ministerio de Exteriores ucraniano calificó la decisión de “injusta e inoportuna”, y recordó que ambos países comparten un enemigo común en Rusia. La portavoz de la diplomacia ucraniana señaló que “la unidad frente a la agresión rusa no debería verse empañada por disputas históricas”.

El trasfondo electoral

La decisión de Nawrocki, del partido nacional-conservador Ley y Justicia (PiS), se enmarca en la campaña para las elecciones presidenciales de este año. El presidente polaco busca movilizar a su base electoral más nacionalista, donde la memoria de la masacre de Volinia sigue muy viva. Sin embargo, analistas advierten del riesgo de fracturar la coordinación militar y diplomática con Kiev en un momento crítico de la guerra.

La retirada de la condecoración no afecta directamente a los acuerdos de defensa vigentes, pero supone un gesto simbólico de gran calado en una relación ya marcada por tensiones previas en torno a las exportaciones de grano ucraniano y las restricciones a la importación. La alianza anti-Putin, pilar de la seguridad en el flanco oriental de la OTAN, se resquebraja por viejas heridas históricas que el Kremlin sigue explotando.