Perú se acerca a la segunda vuelta electoral de 2026 sin que ninguno de los dos candidatos, Roberto Sánchez y Keiko Fujimori, cuente con una mayoría sólida de respaldo, en un clima de fuerte desgaste político y ciudadano. El país acumula nueve presidentes en diez años, una rotación que refleja la profunda inestabilidad institucional que arrastra.

El balotaje, previsto para las próximas semanas, se produce en un contexto de fragmentación extrema del electorado. Por primera vez de forma organizada, un sector relevante de la población promueve el voto en blanco o la anulación del sufragio como forma de protesta, según recogen medios locales. Este fenómeno inédito evidencia el cansancio de una ciudadanía que ha visto cómo el Congreso se convertía más en un obstáculo que en un aliado para la gobernabilidad.

La campaña ha estado marcada por los cuestionamientos a ambos candidatos. Roberto Sánchez, que encabeza una opción de centroizquierda, ha tratado de presentarse como la alternativa al continuismo liberal que representa Fujimori, hija del expresidente Alberto Fujimori y figura polarizadora. Sin embargo, ninguno ha logrado capitalizar el hartazgo popular de forma concluyente.

Los analistas señalan que el ganador se enfrentará a un escenario complejo: un Congreso fragmentado y una economía que arrastra las secuelas de la pandemia y la crisis política. La desconfianza en las instituciones, agravada por los escándalos de corrupción de los últimos años, sitúa a Perú ante lo que podría ser su décimo presidente en una década, sin que se vislumbre un horizonte de estabilidad a corto plazo.