El conteo de votos en las elecciones presidenciales y legislativas de Perú podría extenderse hasta 30 días, según advirtieron las autoridades electorales del país andino. El plazo, inusualmente largo, responde a la posibilidad de que numerosas actas sean impugnadas, un escenario que los analistas vinculan con la profunda fragmentación del electorado peruano.

Expertos consultados por la agencia Sputnik señalaron que, independientemente del resultado final, el país «está históricamente dividido por mitades». La afirmación refleja una constante de la política peruana en las últimas décadas, donde ninguna fuerza logra consolidar mayorías estables y el voto se polariza entre opciones antagónicas.

Las elecciones de junio de 2026 han transcurrido en un clima de tensión. Las autoridades electorales peruanas han instalado un operativo especial para gestionar posibles reclamaciones, mientras los candidatos han llamado a esperar los resultados oficiales. El conteo, que podría alargarse durante un mes, mantiene en vilo a una sociedad acostumbrada a la inestabilidad: Perú ha tenido seis presidentes en los últimos cinco años.

La división histórica del país se manifiesta no solo en las urnas, sino también en el Congreso, donde ningún bloque alcanza mayorías claras. Los analistas advierten de que el próximo gobierno enfrentará el desafío de gobernar en un escenario de alta fragmentación política, con un electorado que se reparte casi por igual entre las principales opciones.

La ONPE (Oficina Nacional de Procesos Electorales) ha garantizado la transparencia del escrutinio, pero ha pedido paciencia a la ciudadanía ante la complejidad del proceso. El resultado final, cuando llegue, definirá el rumbo de la tercera economía más grande de Sudamérica en un contexto regional marcado por la incertidumbre.