Perú celebra este domingo la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de junio de 2026, una cita que llega tras una década de inestabilidad política en la que se han sucedido 8 presidentes. El resultado no solo definirá al próximo mandatario, sino que marcará el intento de recuperar la gobernabilidad en un país acostumbrado a cambios continuos en el poder.

Los peruanos acuden a las urnas en un ambiente de desconfianza hacia la clase política, en un contexto donde la economía muestra signos de desaceleración y la inseguridad ciudadana se ha convertido en la principal preocupación. Los dos candidatos que disputan la presidencia representan opciones opuestas que la prensa local ha resumido en el dilema «¿Cambio o continuidad?»

En los últimos diez años, Perú ha sufrido una crisis institucional que ha llevado a la Presidencia a figuras de todos los signos, incluyendo a Pedro Castillo, Dina Boluarte y el actual jefe de Estado interino. Los comicios de 2026 suponen la oportunidad de romper el ciclo de inestabilidad que ha caracterizado al país andino desde 2016, cuando la lucha entre el Ejecutivo y el Congreso desembocó en una sucesión de gobiernos efímeros.

El ganador de esta segunda vuelta se enfrentará al reto de gobernar con un Congreso fragmentado y una ciudadanía exhausta por la volatilidad política. Además, la orientación de la política exterior peruana — tradicionalmente alineada con Estados Unidos, pero con crecientes vínculos con China y los bloques regionales — podría verse afectada por el resultado, según coinciden analistas peruanos.

La jornada electoral se desarrolla bajo la supervisión de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), que ha desplegado un operativo de seguridad para garantizar la normalidad. Se espera que los primeros resultados oficiales se conozcan en las próximas horas, aunque los sondeos a pie de urna podrían ofrecer una tendencia desde el cierre de las mesas.