El Pentágono tenía conocimiento desde hace años de que enemigos podían rastrear los teléfonos de las tropas estadounidenses mediante datos de localización, pero apenas adoptó medidas correctivas a pesar de existir soluciones baratas. Así lo revela una investigación publicada este jueves, que señala que ahora los adversarios utilizan esa información para atacar a los soldados en operaciones militares globales.
La vulnerabilidad afecta a la seguridad operativa de las fuerzas desplegadas en conflictos activos, minando la ventaja tecnológica de Estados Unidos. El Departamento de Defensa ha reconocido el problema, pero según fuentes internas, las contramedidas —como la desactivación de servicios de localización en dispositivos personales— han sido aplicadas de forma inconsistente.
La exposición de los teléfonos militares y personales de los soldados facilita ataques con drones, bombardeos o emboscadas, ya que los adversarios pueden triangular posiciones en tiempo real. La investigación, basada en documentos internos y entrevistas con oficiales, afirma que el Pentágono conocía el riesgo desde al menos 2018.
Analistas en seguridad advierten de que la falta de una política uniforme para gestionar los datos de localización deja a las tropas en una situación de riesgo evitable. La Oficina del Inspector General del Pentágono ha abierto una revisión sobre el manejo de esta amenaza, aunque no se esperan conclusiones hasta finales de 2026.
El caso pone de relieve, según los expertos, una brecha persistente entre la conciencia del riesgo y la implementación de medidas de protección básicas. Mientras los adversarios aprovechan los datos de localización para ataques precisos, el Pentágono acumula retraso en la adopción de contramedidas que, en muchos casos, implican solo un ajuste de configuración en los dispositivos. La revisión del inspector general podría arrojar luz sobre las responsabilidades y presionar para un cambio de política.




