El Fondo Monetario Internacional ha advertido al Gobierno de Pakistán que su economía sigue peligrosamente atada a los países del Golfo Pérsico, que concentran más del 80% de sus importaciones de combustible y la mitad de las remesas que recibe el país. La advertencia, conocida el 15 de mayo de 2026, ha llevado a Islamabad a buscar nuevos mercados fuera del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) y de Occidente.

Una dependencia que lastra la soberanía energética

Según fuentes del FMI citadas en el informe, la excesiva concentración de proveedores expone a Pakistán a un riesgo geopolítico elevado. Cualquier tensión en el Golfo —ya sea por conflictos regionales o por sanciones internacionales— podría paralizar el suministro y desatar una crisis energética con consecuencias devastadoras para su economía, que ya atraviesa dificultades por la deuda externa y la inflación.

El gobierno paquistaní ha iniciado contactos con Rusia, Azerbaiyán y varios países del sudeste asiático para cerrar acuerdos de suministro de crudo y gas natural. También se barajan importaciones desde África, aunque la logística y los costes de transporte son superiores a los de las rutas tradicionales desde el Golfo.

El papel de las remesas

Además del combustible, la advertencia del FMI subraya que la mitad de las remesas que entran en Pakistán proceden de trabajadores paquistaníes en el CCG. Esto añade una segunda capa de vulnerabilidad: cualquier deterioro de las relaciones con los monarquías del Golfo o una recesión en esa región reduciría drásticamente el flujo de divisas, imprescindible para sostener la balanza de pagos.

El ministro de Energía paquistaní declaró a la prensa local que el objetivo es reducir la dependencia del Golfo al 50% en cinco años, una meta ambiciosa que requerirá inversiones en infraestructura de importación y almacenamiento. Por ahora, sin embargo, los contratos a largo plazo con Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos siguen en vigor.