Las dos ciudades más grandes de Estados Unidos, Nueva York y Los Ángeles, han anunciado una alianza para impulsar la electrificación del transporte público y las flotas municipales, en una respuesta directa al giro de la administración Trump contra el vehículo eléctrico. El acuerdo, anunciado a finales de mayo de 2026, busca sortear el retroceso federal y acelerar la transición hacia una movilidad más limpia.
Las urbes, que suman más de 20 millones de habitantes, se han fijado el objetivo de electrificar miles de vehículos de flota, incluyendo furgonetas, coches de policía y, en el futuro, quitanieves. La iniciativa, liderada por los alcaldes de ambas ciudades, pretende crear un frente común para presionar a los fabricantes de automóviles y a las empresas de infraestructuras, así como para compartir conocimientos técnicos y administrativos.
Una respuesta al desmantelamiento de las políticas verdes
El anuncio llega después de que la administración Trump redujera los estándares de emisiones y eliminara los incentivos federales para la compra de vehículos eléctricos, en línea con su política de apoyo a los combustibles fósiles. Frente a esta situación, las grandes ciudades han optado por tomar las riendas de la agenda climática. ‘Las ciudades-estado están demostrando que pueden liderar allí donde el gobierno federal se queda atrás’, señalan fuentes municipales citadas por los organizadores del pacto.
Nueva York y Los Ángeles ya contaban con planes de electrificación propios, pero la alianza busca multiplicar su impacto. Entre las medidas concretas, prevén la compra conjunta de vehículos eléctricos para abaratar costes, el desarrollo de infraestructuras de recarga compartidas y la coordinación de sus programas de sustitución de flotas. El acuerdo incluye también la electrificación de autobuses escolares y vehículos de servicios públicos.
Un modelo para otras ciudades
La colaboración entre las dos metrópolis podría servir de ejemplo para otras urbes estadounidenses que buscan sortear el bloqueo federal. Según los impulsores, el pacto envía una señal clara al mercado: la demanda de vehículos eléctricos por parte de las administraciones locales seguirá creciendo, independientemente de la política nacional. ‘Si Washington no actúa, lo haremos nosotros’, resumió un portavoz del Ayuntamiento de Los Ángeles.
La alianza se produce en un contexto en el que las ventas de coches eléctricos en Estados Unidos han mostrado signos de desaceleración, en parte por la incertidumbre regulatoria. Sin embargo, las flotas municipales representan un nicho estratégico, ya que su renovación programada permite planificar inversiones a largo plazo y reducir la dependencia de los subsidios federales.




