En diciembre de 2019, la guarnición nigerina de Inates sufrió un ataque yihadista que se saldó con la muerte de varias decenas de militares. A mediados de junio de 2026, el escenario se repitió en el mismo lugar, evidenciando el fracaso de la lucha antiterrorista en el país, según un análisis de la evolución del conflicto desde la presidencia de Issoufou hasta la de Tiani.

Un mismo ataque, cinco años después

La repetición del ataque en Inates, con un saldo similar de víctimas, subraya la persistencia de la amenaza yihadista en la región del Sahel. A pesar de los esfuerzos militares y la cooperación internacional, los grupos armados han demostrado capacidad de resistencia y adaptación. La falta de control territorial por parte del Estado nigerino es un factor clave que explica la continuidad de la violencia.

El análisis señala que tanto Issoufou como su sucesor Tiani han mantenido una estrategia centrada en la respuesta militar, sin abordar las causas profundas del conflicto, como la pobreza, la exclusión y la debilidad institucional. Esto ha permitido que los yihadistas mantengan su capacidad operativa, atacando posiciones militares y sembrando el miedo entre la población civil.

El ataque de 2026 en Inates demuestra que la guerra contra el yihadismo está perdida, al menos en los términos actuales.

La dimensión regional del conflicto

El caso de Níger es parte de un problema más amplio en el Sahel, donde la expansión de grupos vinculados a Al Qaeda y al Estado Islámico afecta a varios países, incluidos Mali y Burkina Faso. La inestabilidad en la región tiene consecuencias directas para la seguridad europea, especialmente en lo que respecta a la inmigración irregular y el terrorismo. España, como país del sur de Europa, sigue de cerca la evolución de la crisis, dado que el Sahel es una zona de influencia estratégica para la lucha antiterrorista y el control de las rutas migratorias.

El análisis concluye que, mientras no se adopte un enfoque integral que combine seguridad, desarrollo y gobernanza, los ataques como el de Inates seguirán repitiéndose, condenando a la región a un ciclo perpetuo de violencia y sufrimiento.