Las Fuerzas Armadas israelíes bombardearon Irán este lunes 8 de junio, al día siguiente de que el presidente estadounidense, Donald Trump, instara al primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, a no responder al lanzamiento de misiles iraníes. El ataque, que no ha sido reivindicado oficialmente por Israel, se produce en un contexto de creciente tensión y revela posibles fisuras entre Washington y Tel Aviv.

Según fuentes próximas a la Casa Blanca, Trump llamó a Netanyahu el domingo por la noche y le pidió: «No bombardees Irán». El presidente estadounidense habría expresado su preocupación por una escalada incontrolada tras el ataque iraní, que respondía a un bombardeo israelí previo sobre Beirut.

Pese a la advertencia, las fuerzas israelíes lanzaron la operación militar, lo que ha generado interrogantes sobre el control que Washington ejerce sobre su aliado. El portavoz del Ministerio de Exteriores iraní, Esmail Bagaei, declaró que «el Comando Central de EE.UU. (Centcom) mantiene una coordinación plena con Israel en las operaciones contra Irán», sugiriendo que el ataque no podría haberse llevado a cabo sin el conocimiento o apoyo logístico estadounidense.

El apoyo de Washington a Israel es la principal causa de la guerra contra el país persa, y eso se puede observar en la postura oficial de EE.UU.

La maniobra israelí contradice la postura pública de Trump, quien en la víspera había garantizado que frenaría cualquier represalia. La Casa Blanca no ha emitido un comunicado oficial, y fuentes del Pentágono señalan que «el presidente fue informado después de que los aviones ya estuvieran en el aire».

Implicaciones de la escalada

El ataque contra Irán, a pesar de la petición expresa de Trump, marca un precedente en la relación bilateral. Analistas estadounidenses consideran que la acción demuestra una autonomía creciente de Netanyahu respecto a Washington, lo que podría tener consecuencias en la dinámica regional. Irán ha prometido una respuesta proporcionada, aunque no se han registrado nuevos ataques en las horas posteriores.

La comunidad internacional ha instado a la moderación. La ONU, a través de su secretario general, ha pedido «el cese inmediato de las hostilidades y la vuelta a la vía diplomática». Mientras tanto, en Tel Aviv y Washington crecen las voces que cuestionan la estrategia israelí y el margen de maniobra de la administración Trump.