El presidente mauritano, Mohamed Ould Ghazouani, ha impulsado en el último año una estrategia de influencia que ha colocado a su país al frente de dos organismos financieros internacionales y aspira a la presidencia de otros dos foros multilaterales. En concreto, Mauritania ha obtenido la dirección del Banco Africano de Desarrollo (BAD) y del departamento África del Fondo Monetario Internacional (FMI), y ahora busca la presidencia de la Organización para la Cooperación Islámica (OCI) y de la Organización Internacional de la Francofonía (OIF), según ha trascendido este lunes.
La ofensiva diplomática de Nuakchot se inscribe en un intento por incrementar su peso diplomático y económico tanto en África como en el mundo islámico. Mauritania, un país del África occidental ribereño del Atlántico, ha sido tradicionalmente un actor discreto en la escena internacional, pero la gestión del presidente Ould Ghazouani ha multiplicado su presencia en los organismos multilaterales.
La obtención de la dirección del BAD —una de las instituciones financieras clave para el desarrollo del continente— y del departamento África del FMI sitúa a Mauritania en una posición privilegiada para influir en las políticas económicas y de financiación de la región. El país también ansía presidir la OCI, que agrupa a 57 Estados de mayoría musulmana, y la OIF, que reúne a los países francófonos.
Esta proyección exterior coincide con un contexto regional en el que Marruecos, vecino del norte y competidor histórico de Mauritania, también busca ampliar su influencia en África subsahariana. La pugna por el liderazgo en el Sahel y el control de las rutas migratorias y comerciales convierte a Mauritania en un actor relevante para los intereses españoles en la zona.




