El Reino de Marruecos está reforzando su presencia religiosa en el África subsahariana y el Sahel mediante la institucionalización del islam marroquí, una estrategia de soft power que, según fuentes diplomáticas, busca ganar influencia frente a competidores como Argelia, Turquía y Arabia Saudí. La iniciativa, en marcha desde hace años, se ha intensificado en los últimos meses como parte de un pilar estratégico de la política exterior marroquí.

Un “Commonwealth religioso” en construcción

Según fuentes diplomáticas consultadas por medios especializados, Rabat ha desplegado en los últimos años una red de centros de formación de imanes, universidades islámicas y acuerdos de cooperación religiosa con países como Malí, Senegal, Costa de Marfil o Níger. El objetivo es exportar el modelo de islam moderado y oficial que se practica en Marruecos, bajo la autoridad del rey Mohamed VI, Comandante de los Creyentes.

Las mismas fuentes señalan que, con la institucionalización progresiva de la presencia del islam marroquí en África, el Reino está construyendo lo que podría convertirse en un ‘Commonwealth religioso’, cuya influencia crece en detrimento de actores financieramente mucho más poderosos.

La iniciativa choca directamente con los intereses de Argelia, que promueve su propio modelo religioso a través de la influencia argelina en el Sahel, y con los de Turquía y Arabia Saudí, que compiten por el liderazgo espiritual en la región mediante la financiación de mezquitas y escuelas coránicas.

Un pilar de la política exterior marroquí

El soft power religioso se ha convertido en un vector estratégico de la política exterior de Marruecos, que busca consolidar alianzas y contrarrestar el respaldo argelino al Frente Polisario en el Sáhara Occidental. Más de 50 países africanos mantienen relaciones diplomáticas con Rabat, y la cooperación religiosa es una herramienta clave para afianzar esos vínculos.

La Fundación Mohamed VI para los Ulemas Africanos, creada en 2015, coordina la formación de predicadores y la difusión de fatwas que sigan la doctrina malikí, mayoritaria en el norte y oeste de África. Cada año, cientos de imanes africanos reciben formación en la Universidad Al Quaraouiyine de Fez, uno de los centros académicos islámicos más antiguos del mundo.

Esta estrategia refuerza la posición de Marruecos como interlocutor privilegiado de Europa en materia de lucha contra el radicalismo, al tiempo que limita la influencia de corrientes salafistas financiadas desde el Golfo. Para España, vecina de Marruecos y con intereses en la estabilidad del Sahel, el avance del islam marroquí en la región tiene implicaciones directas en materia de seguridad y migración.