Marruecos experimenta una transformación demográfica de gran calado, marcada por una caída de la fecundidad, un progresivo envejecimiento de la población y una creciente masa de jóvenes diplomados que buscan empleo. Así lo ha señalado Aziz Ajbilou, profesor de la Universidad Mohammed VI Politécnica, quien advierte de que estos cambios reconfiguran los cimientos sociales del país.

La transición, que se acelera en los últimos años, plantea desafíos estructurales en el mercado laboral marroquí. El descenso del número de niños reduce la presión sobre el sistema educativo, pero aumenta la demanda de empleo cualificado entre los jóvenes, un colectivo que crece en número y formación pero que se enfrenta a una oferta laboral insuficiente.

Implicaciones para las relaciones con España

La evolución demográfica marroquí tiene consecuencias directas para España. Una población más envejecida y una menor tasa de fecundidad podrían reducir la presión migratoria tradicional, aunque el desempleo juvenil sigue siendo un factor de expulsión. Al mismo tiempo, Marruecos podría necesitar atraer trabajadores extranjeros para cubrir puestos que el mercado interno no logra ocupar, lo que abriría una nueva dinámica migratoria en el norte de África.

Según el análisis del profesor Ajbilou, el país se encuentra en una «encrucijada demográfica» que obligará a revisar las políticas de integración laboral y de formación. El reto es mayúsculo: aprovechar el bono demográfico de la juventud antes de que el envejecimiento se convierta en una carga para el sistema de bienestar.

Desde el punto de vista bilateral, España deberá seguir de cerca esta evolución, ya que los flujos migratorios y las necesidades de mano de obra en Marruecos condicionarán la cooperación en materia de fronteras y desarrollo económico. La transición demográfica marroquí, por tanto, no es solo un fenómeno interno, sino un factor clave en la relación entre ambos países.