El Gobierno de Marruecos ha dado un paso formal para integrar la gobernanza de TV5Monde, el canal internacional francófono, en un movimiento que ha reavivado las críticas sobre sus intentos de influir en medios extranjeros, especialmente franceses. La solicitud fue remitida mediante una carta oficial del Ministerio de Juventud, Cultura y Comunicación marroquí, según confirmaron fuentes próximas al canal.
La decisión de Rabat llega después de que en varias ocasiones haya sido señalado por intentar influir en la línea editorial de medios franceses, según denuncian organizaciones de periodistas y analistas. En concreto, se le acusa de presionar a redacciones y de buscar posiciones de control en órganos de gobierno de medios públicos francófonos.
La petición formal se produce el 16 de mayo de 2026, según fuentes del sector audiovisual consultadas por diversos medios. Marruecos, que ya cuenta con una presencia creciente en el espacio mediático francés, busca ahora un puesto en el consejo de administración de TV5Monde, un canal financiado en gran parte por los gobiernos de Francia, Bélgica, Suiza y Quebec.
Un historial de injerencias
Las acusaciones contra Marruecos por injerencia en medios franceses no son nuevas. En los últimos años, diversos informes y reportajes han documentado presiones a periodistas, intentos de compra de líneas editoriales y campañas de desprestigio contra críticos del reino alauí. En 2023, la fiscalía francesa abrió una investigación sobre una red de espionaje que habría utilizado el software Pegasus contra personalidades francesas, incluidos periodistas.
El propio presidente francés, Emmanuel Macron, ha tenido que gestionar la tensión diplomática con Rabat, aunque París no ha bloqueado la entrada de Marruecos en TV5Monde. La decisión final corresponde a los accionistas del canal, reunidos en la asamblea general, donde Francia tiene el voto mayoritario.
Para España, la expansión de la influencia marroquí en los medios francófonos es un asunto de interés, dado el peso de Marruecos en el Magreb y su capacidad para proyectar su narrativa en el norte de África y el Sahel, regiones donde España mantiene intereses estratégicos.




