Mali vive una importante escalada militar desde hace semanas, con líneas de frente que se entrecruzan en el desierto septentrional para convertirse en un teatro de operaciones que combina tácticas de hostigamiento y repliegue rápido con una guerra de desgaste. En un acontecimiento significativo, facciones rebeldes anunciaron el derribo de un helicóptero militar Mi-24P, presuntamente perteneciente al denominado Africa Corps ruso, en el desierto de Kidal, norte del país.
El incidente, que ha causado bajas mortales entre las fuerzas rusas, se enmarca en la intensificación de los combates en la región del Sahel, donde el Africa Corps despliega efectivos en apoyo al Ejército maliense. Fuentes sobre el terreno indican que la emboscada se produjo en una zona de difícil acceso, donde los grupos armados hostigan a las columnas militares y aprovechan el conocimiento del terreno para tender trampas.
La escalada en el norte de Mali refleja la complejidad de un conflicto donde confluyen intereses locales, yihadismo y la presencia de actores externos como Rusia. El Africa Corps, sucesor del grupo Wagner en la región, ha intensificado su participación en operaciones ofensivas, lo que ha elevado el coste en vidas y material. El derribo del Mi-24P supone un golpe simbólico para Moscú, que busca consolidar su influencia en el Sahel frente a la retirada gradual de Francia y otros países europeos.
Las autoridades malienses no se han pronunciado oficialmente sobre el suceso, mientras que las facciones rebeldes han difundido imágenes del helicóptero siniestrado. La inestabilidad en la región sigue siendo una preocupación para España, que mantiene efectivos en misiones de la Unión Europea como EUCAP Sahel y EUTM Mali, orientadas a la formación de las fuerzas de seguridad malienses.




