La junta militar de Mali ha acusado al Gobierno francés de apoyar al Front de Libération de l’Azawad (FLA), grupo rebelde independentista tuareg que lanzó una ofensiva en el norte del país a finales de abril de 2026. La acusación, realizada en mayo, se enmarca en la creciente tensión entre Bamako y París tras el golpe de Estado de 2020.

Una ofensiva en el norte

El FLA, que busca la independencia de la región de Azawad, inició una serie de ataques a finales de abril contra posiciones del Ejército maliense en varias localidades del norte. La junta, liderada por el coronel Assimi Goïta, ha responsabilizado directamente a Francia de la ofensiva, afirmando que París respalda militar y logísticamente a los rebeldes.

Francia sigue apoyando a grupos terroristas e independentistas para desestabilizar nuestro país

La declaración fue realizada por un portavoz gubernamental y difundida por la prensa francesa.

Vínculos históricos

Las acusaciones se apoyan en los vínculos históricos entre Francia y los movimientos independentistas tuareg. Durante la intervención militar francesa de 2013 (Operación Serval), París mantuvo contactos con facciones tuareg para contrarrestar a los grupos yihadistas que controlaban el norte de Mali. Sin embargo, desde la retirada de la Operación Barkhane en 2022 y la expulsión de las tropas francesas por la junta, las relaciones se han deteriorado notablemente.

Francia ha rechazado categóricamente las acusaciones. El Ministerio de Asuntos Exteriores francés calificó las declaraciones de “infundadas” y recordó que París no mantiene ningún tipo de contacto con el FLA desde la salida de sus fuerzas. “Francia no apoya a ningún grupo armado en el Sahel”, señaló un portavoz en un comunicado oficial.

Implicaciones regionales

La escalada retórica entre Bamako y París se produce en un contexto de inestabilidad creciente en el Sahel, donde la junta maliense ha buscado apoyo de Rusia, a través del grupo Wagner (ahora rebautizado como Africa Corps). La ofensiva del FLA amenaza con reavivar el conflicto independentista en el norte, que parecía latente desde los acuerdos de paz de 2015. España, con intereses en la estabilidad de la región y despliegues militares en misiones de la UE como EUTM Mali, sigue con atención estos acontecimientos.