El presidente francés, Emmanuel Macron, ha lanzado una contraofensiva ante el creciente malestar interno en Francia por el deshielo diplomático con Argelia. El movimiento busca frenar el avance de los sectores contrarios a la reconciliación, en un contexto preelectoral que aviva las tensiones, según fuentes del Elíseo.
La estrategia de Macron se apoya en varios ministros próximos, que han defendido públicamente la necesidad de cerrar la crisis bilateral y restablecer una relación estable con Argel. El reposicionamiento, sin embargo, choca con una corriente antiargelina cada vez más audible en la política francesa.
El contexto preelectoral
El deshielo franco-argelino llega en un momento especialmente delicado, a las puertas de un ciclo electoral que podría redefinir el equilibrio de fuerzas en el Elíseo. La polémica interna se ha intensificado, con críticas que acusan al Ejecutivo de ceder ante Argelia en materia de memoria colonial e inmigración. El campo presidencial, por el contrario, insiste en que la normalización es la única vía para asegurar los intereses estratégicos franceses en el Magreb y el Mediterráneo.
El Ejecutivo francés calcula que la cooperación con Argelia en seguridad y energía es prioritaria, más aún desde la crisis en el Sahel y el encarecimiento de los hidrocarburos. Para Macron, el acercamiento permite a Francia recuperar influencia en una región donde Turquía y Rusia han ganado terreno, mientras que la oposición interior considera que Argel ha endurecido su postura sobre el Sahara Occidental.
Impacto en el mediterráneo
El giro de París también afecta a los equilibrios regionales, en particular a la competencia con España por la influencia en Argel y a la relación con Marruecos, aliado histórico de Francia. La decisión de Macron debilita potencialmente a la corriente antirrabatí en el Elíseo, pero podría tensar el vínculo con Marruecos si el deshielo argelino no incluye al vecino. París, por su parte, mantiene que el acercamiento bilateral no interfiere en la normalización de sus relaciones con Rabat.
El campo de Macron se mantiene firme. «Cerramos una crisis que no beneficia a nadie», ha señalado un portavoz gubernamental. La oposición, sin embargo, promete llevar el debate al Parlamento. El deshielo argelino se ha convertido en uno de los ejes de la precampaña, y su desenlace marcará el rumbo de la política exterior de Francia en los próximos años.




