El Cuerpo de Marines de Estados Unidos ha retirado oficialmente del servicio activo el AV-8B Harrier II, el avión de despegue y aterrizaje vertical que ha sido una pieza clave de su flota durante cuatro décadas. La decisión, anunciada este 27 de mayo, marca el fin de una era para un aparato que participó en numerosos conflictos, desde la Guerra del Golfo hasta Irak y Afganistán.

La ceremonia de despedida está prevista para las próximas semanas en la base aérea de Cherry Point (Carolina del Norte), según confirmaron fuentes oficiales del Cuerpo de Marines. El Harrier será sustituido por el F-35B Lightning II, la versión de despegue corto y aterrizaje vertical del caza de quinta generación, que ya opera desde buques de asalto anfibio y bases terrestres.

Un legado de versatilidad

El AV-8B, desarrollado a partir del diseño británico Hawker Siddeley Harrier, entró en servicio en 1985 con los Marines. Su capacidad para operar desde pistas cortas, carreteras o cubiertas de barcos lo convirtió en una herramienta única para el apoyo aéreo cercano de las fuerzas terrestres. Durante la Guerra del Golfo de 1991, los Harrier realizaron más de 3.000 salidas sin apenas bajas.

En España, la Armada operó una versión similar, el AV-8B Harrier II+, desde el portaaviones Príncipe de Asturias y posteriormente desde el Juan Carlos I. La retirada estadounidense no afecta directamente a la flota española, que mantiene sus aparatos en servicio, aunque el anuncio subraya el declive global de este diseño.

El relevo: F-35B

El F-35B, del que el Pentágono ha adquirido ya varios cientos de unidades, ofrece capacidades furtivas, sensores avanzados y enlace de datos que el Harrier no podía igualar. Sin embargo, su alto coste —cada unidad ronda los 100 millones de dólares— y los problemas de mantenimiento han suscitado críticas. El Cuerpo de Marines defiende que la transición era necesaria para mantener la superioridad aérea frente a amenazas futuras.

Con la retirada del Harrier, se cierra un capítulo en la historia de la aviación de ala fija de los Marines, que ahora confía plenamente en el programa Joint Strike Fighter para sus misiones de despegue vertical.